El proceso de concesión del Canal de la Ciudad acelera su avance hacia una empresa privada.
Avanza la concesión del Canal de la Ciudad al dueño de Blender y Carajo
El gobierno de Buenos Aires dio luz verde a la preadjudicación de la televisión pública, seleccionando a Cale Group, propiedad de Augusto Marini, tras una oferta de 50 millones de pesos mensuales. La decisión, tomada en el marco del Plan de Reestructuración del Canal, enfrenta críticas por su impacto en la independencia de la señal y la posible privatización de un medio considerado estratégico.
La concesión y su proceso
Según informó Clarín, El Consejo de la Ciudad de Buenos Aires aprobó la preadjudicación de la concesión del Canal de la Ciudad a Cale Group, una empresa propiedad de Augusto Marini, director del portal de noticias digital *El Once*. La decisión, publicada en el Boletín Oficial, fue tomada tras un proceso de evaluación de tres candidatos, incluyendo a la Universidad de Buenos Aires y a un consorcio de medios independientes. La selección de Marini, cuyo grupo empresarial también posee *El Once*, ha generado debates sobre la neutralidad del canal, ya que el medio digital ha sido criticado por su enfoque en la política de izquierda.
La oferta de Cale Group se ubica en un contexto de crisis financiera del canal, que enfrenta déficits anuales de más de 200 millones de pesos. La preadjudicación incluye una inversión inicial de 50 millones de pesos, más una garantía de 100 millones, que el gobierno espera convertir en un fondo de inversión para modernizar la infraestructura del canal. Sin embargo, el plan también implica la reducción del 40% de la nómina del canal, lo que ha generado preocupación entre los trabajadores.
El impacto en la televisión porteña
La concesión representa un cambio significativo en el rumbo de la televisión pública argentina. El Canal de la Ciudad, cuya existencia data de 1972, ha sido históricamente un espacio de debate público y crítica social, aunque su independencia ha sido cuestionada en múltiples ocasiones. La elección de un grupo privado, especialmente uno vinculado a un medio digital con una agenda política definida, plantea la posibilidad de que el canal pierda su rol de neutralidad.
Marini, quien también preside el Consejo Asesor de la Asociación de Medios de Comunicación de Buenos Aires, ha defendido la decisión en términos de «modernización» y «eficiencia». «La televisión pública debe ser competitiva en un mercado de medios digitales», afirmó en una entrevista previa. Sin embargo, activistas y periodistas independientes denuncian que la concesión podría limitar la diversidad de voces en el canal, ya que las decisiones editoriales serían gestionadas por un grupo con intereses económicos.
La crítica no se limita al ámbito político. En el sector audiovisual, la concesión ha sido vista como un precedente para una posible privatización total del canal. Un análisis del Ministerio de Cultura señala que el modelo actual del canal, financiado por el Estado, no es sostenible a largo plazo. Sin embargo, la transición a un modelo privado plantea desafíos éticos, como garantizar el acceso a la información para todos los ciudadanos.
Las reacciones y el escenario próximo
La decisión ha generado reacciones divididas entre sectores de la sociedad. El Frente de Izquierda, que lidera el Consejo de la Ciudad, criticó la concesión como «una pérdida de control popular sobre el canal». «La televisión pública no debe ser un negocio», aseguró su secretario general. Por su parte, el sindicato de trabajadores del canal, que representa a más de 200 empleados, advirtió sobre la posible pérdida de empleos y la desmantelación de programas culturales.
El gobierno, por su parte, justificó la medida como una «necesidad de adaptación a los nuevos tiempos». En un comunicado, destacó que la concesión permitirá «mejorar la calidad de los contenidos y garantizar la continuidad del canal en el contexto actual». Sin embargo, algunos expertos en comunicación argumentan que la privatización del canal podría llevar a una concentración de poder en manos de pocos actores, afectando la pluralidad de voces en el país.
El próximo paso será el análisis de la propuesta por parte del Consejo de la Ciudad, que deberá aprobar la concesión definitiva. En tanto, el debate sobre la independencia del canal continúa, con activistas y sindicalistas pidiendo una revisión del modelo. «El canal no puede ser propiedad de nadie, ni siquiera de un gobierno», afirma una activista del movimiento «Televisión para Todos».
La concesión del Canal de la Ciudad a Cale Group abre un debate crucial sobre la propiedad y el rol de los medios públicos en la Argentina. Aunque el gobierno argumenta que la medida es necesaria para modernizar el canal, la decisión ha sido recibida con críticas por su impacto en la independencia del medio y en la representación de las voces ciudadanas. La aprobación definitiva de la concesión marcará un antes y un después para la televisión pública en Buenos Aires, en un contexto donde la privatización de espacios de comunicación sigue siendo un tema delicado.
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