La semana de calor que azotó Europa entre el 22 y el 28 de junio se convirtió en el episodio más mortífero del continente en décadas. Según la red EuroMOMO, que recopila datos de las autoridades sanitarias nacionales, el exceso de muertes registradas en ese período superó los 19.000 fallecimientos, un incremento cinco veces mayor al inicialmente estimado. Estas cifras, aún no definitivas, ponen en evidencia cómo las ondas de calor extremas están redefiniendo la mortalidad en la región.

El impacto fue especialmente crudo en mayores de 75 años, grupo más vulnerable al calor. En Alemania, el instituto Robert Koch revisó al alza sus previsiones y calculó que al menos 5.120 personas perdieron la vida, de las cuales el 93% tenía más de 75 años. La temperatura en algunas zonas superó los 40 grados Celsius, un nivel que colapsó sistemas de salud y servicios sociales, especialmente en ciudades como Madrid o París, donde los hospitales se saturaron de pacientes con calambres, deshidratación y problemas cardíacos.

El escenario fue alarmante. La ola de calor de junio superó no solo la mortalidad registrada en la histórica ola de 2003, sino también la de la pandemia del covid-19. Los datos de EuroMOMO, que comparan los fallecimientos con períodos anteriores sin eventos extremos, muestran que el exceso de muertes en esa semana fue el más alto en la historia reciente del continente. La cifra elevada, sin embargo, sigue en debate, ya que los sistemas de vigilancia epidemiológica aún revisan las estadísticas con los certificados de defunción que llegan con retraso.

El contexto político se complicó en Alemania, donde el gobierno de Friedrich Merz enfrentó críticas por reducir la financiación de políticas climáticas. Los ecologistas acusaron al primer ministro de priorizar intereses de las empresas sobre la protección de la población. Esta postura, que ha generado presión en Bruselas para diluir los compromisos europeos de reducción de emisiones, contrasta con la urgencia de las crisis climáticas. En tanto, los eurodiputados del partido de Merz siguen rechazando el Pacto Verde Europeo, argumentando que daña la competitividad industrial.

El colapso de sistemas de salud y la cifra de fallecimientos reforzarán la demanda de políticas urgentes contra el cambio climático, aunque la resistencia política sigue siendo un obstáculo. La ola de calor no solo marcó un hito trágico, sino también un recordatorio de la necesidad de actuar ante las temperaturas extremas.