El cambio en la fauna marina

Según informó Xataka, La costa de Granada vive una transformación silenciosa. Desde hace dos años, científicos y lugareños observan la presencia inusual de ballenas jorobadas, mantarrayas gigantes y tortugas marinas, especies que históricamente se mantienen en zonas más al norte del Mediterráneo. «Esto no es un evento aislado, sino una señal de cómo el calentamiento oceánico está redefiniendo las rutas migratorias», explica María Elena Sánchez, bióloga marina del Instituto de Investigaciones Oceanográficas.

La datación de las últimas observaciones revela que en 2023 se registraron más de 200 casos de ballenas en la zona, un 40% más que en los últimos diez años. Las mantarrayas, por su parte, han aumentado su presencia en un 60%, lo que sugiere un desplazamiento hacia aguas más cálidas. «Estas especies están adaptándose, pero no sin consecuencias. Algunas están compitiendo por recursos con especies nativas, lo que puede alterar el equilibrio ecológico», advierte Sánchez.

Cambio en los patrones de migración

El desplazamiento de estas criaturas no solo afecta su supervivencia, sino también la actividad humana. En la localidad de Torrevieja, por ejemplo, los buceadores reportan un aumento de 50% en la interacción con mantarrayas, lo que ha generado preocupación por la seguridad. «Muchos de nuestros buceadores no están preparados para acercarse a estas criaturas», explica Carlos Martínez, presidente de la Asociación de Buceo Costero.

Este fenómeno también impacta la pesca artesanal. En la zona de Almería, los pescadores denuncian que el apareamiento de tortugas marinas en la zona de pesca tradicional ha reducido la captura de especies como el rape. «Esto pone en riesgo la economía local, que depende de la pesca», afirma Rosa González, líder de un colectivo de pescadores. La situación ha obligado al gobierno regional a revisar las normas de gestión costera, aunque aún no hay una solución definitiva.

El fenómeno en Granada no solo es una indicación del cambio climático, sino una llamada de atención para los sistemas ecosistémicos y humanos que dependen del mar. Según Sánchez, el próximo año podría haber más datos sobre el impacto de estas especies en la zona, lo que podría guiar políticas de conservación más efectivas. Sin embargo, para los lugareños, la incertidumbre sigue siendo la norma.