La ciudadanía europea se desvinculó del entorno estadounidense, según un estudio de un think tank europeo que destacó la brecha entre el pueblo y sus dirigentes. Europa, atrapada entre dos superpotencias (Estados Unidos y China) y una amenaza nuclear de Rusia, se ve obligada a actuar sin apoyo de Washington.

El informe usó la película *Sólo en casa* como metáfora: un niño abandonado por su familia debe protegerse solo, sin esperar ayuda. Los europeos, según el análisis, comprendieron más rápido la nueva realidad que sus líderes. Hoy, apenas un 11% de los encuestados en 15 países considera a Estados Unidos como aliado, contra el 22% del año pasado.

La crisis se debe a las políticas de Trump: amenazas de anexión de Groenlandia, ataques sin estrategia a Irán y el cuestionamiento de la OTAN. Incluso partidos de extrema derecha se alejaron del movimiento MAGA, convertido en un símbolo de inestabilidad.

Aunque la mayoría desconfía de Washington, la mayor parte rechaza el colapso de la OTAN. Solo el 29% apuesta por su desmantelamiento, mientras busca más control y autonomía. El mensaje es claro: Europa se defiende sola, pero no deja de mirar hacia el horizonte.

El giro geopolítico redefinió la relación entre Europa y Estados Unidos, dejando a la región con una nueva identidad: pragmática, autónoma y con un enfoque en la seguridad propia. La ruptura no es un fin, sino un ajuste para enfrentar una era de incertidumbre.