El vestuario inglés, visible en la pantalla de la televisión, fue la chispa que encendió la ira de Felipe Contepomi. A cuatro minutos de la rueda de prensa, el entrenador argentino decidió abandonar el lugar, rechazando cualquier discusión sobre la actuación del árbitro. La música proveniente del vestuario británico, que no dejaba de sonar durante el recorrido hacia los camarines, fue el detonante de su decisión. «Eso es más respetuoso que meterme en problemas», sentenció un hombre que ya ha vivido la carga de criticar a un arbitraje en la cancha.

Antes de acceder a los camerinos, Contepomi y el capitán Julián Montoya tuvieron que cumplir con su obligación de opinar para la cadena que transmite los partidos. Esa norma, ineludible, les obligó a hablar aunque no estuvieran dispuestos. Montoya, fiel a su estilo diplomático, intentó mantener la calma: «Siempre hablo de enfocarnos en lo que controlamos. No estoy en posición de presionar al árbitro, pero si ese tackle no ocurre, es try y eso cambia el juego». Su discurso fue una bandera blanca en un duelo que no tenía fin.

Contepomi, en cambio, no logró evitar la tensión. Sus palabras se entrelazaron con la frustración por el arbitraje. «No quiero opinar más, porque me estás haciendo preguntas que me obligan a hablar del árbitro y la verdad es que no quiero porque me van a sancionar», sentenció, visiblemente molesto. El contexto de su rechazo no era ajeno: la semana anterior, el entrenador italiano Gonzalo Quesada fue castigado por criticar la decisión de un juez. La línea roja era clara, pero la ira no se hizo esperar.

La tensión se multiplicó en la prensa. La cadena ESPN, con contrato exclusivo con la UAR, no solía incordiar, pero en este caso, la expectativa era palpable. Contepomi no solo rechazó hablar de la polémica, sino que también dejó en claro que no estaba dispuesto a pagar el precio de una crítica que no le correspondía. En un partido donde la derrota fue un golpe, el entrenador argentino decidió que su dolor era mejor callado que discutido.

La decisión de Contepomi no solo reflejó su frustración, sino también el peso de las normas que rigen el deporte. La sanción que pueda enfrentar por su actitud será un recordatorio de que, en el rugby, lo que se dice fuera de la cancha puede tener consecuencias. Mientras tanto, los Pumas buscan recomponerse, pero la tensión entre el entrenador y el arbitraje sigue siendo un tema que no se resolverá en la próxima rueda de prensa.