Bajo las ruinas de una antigua pescadería en Oderzo, en la provincia de Treviso, arqueólogos desenterraron una iglesia paleocristiana construida hace más de 1.600 años. La excavación, iniciada en noviembre del año pasado, reveló un conjunto de mosaicos policromos, sepulturas y muros monumentales que, según los especialistas, corresponden a la primera basílica cristiana documentada en la zona. El hallazgo, situado en un área que antiguamente servía para la pesca, despierta interés por su rareza y la posibilidad de ofrecer nuevos datos sobre la evangelización en la península itálica.

Los investigadores describieron un área excavada de 15 metros de ancho por 30 de largo, donde los pavimentos musivos cubrían casi toda la superficie. Los muros, que alcanzan una profundidad de 3 metros, conservan cimientos de 1,20 metros de ancho y evidencias de estructuras monumentales. Según la datación preliminar, la basílica data de los últimos años del siglo IV y los primeros del V, un periodo crítico para la consolidación del cristianismo en el Imperio Romano. La presencia de mosaicos con patrones elaborados y elementos religiosos sugiere una construcción dedicada a la liturgia, lo que la convierte en un testimonio valioso de la vida espiritual de la época.

Además de la basílica, los arqueólogos encontraron estructuras vinculadas a su construcción, posiblemente áreas de producción o almacenamiento. En el sitio se recuperaron teselas musivas, fragmentos de mármol, ladrillos, vidrios, ánforas, metales y un pequeño horno. Estos materiales, junto con un horno que podría haber sido utilizado para la preparación de materiales de construcción, indican una actividad organizada y un esfuerzo colectivo para erigir el edificio. También se descubrieron cuatro tumbas, aunque el estado de los restos óseos no permite identificar con certeza sus ocupantes. Los científicos planean realizar análisis antropológicos, isotópicos y de ADN para esclarecer el origen de los individuos enterrados.

Este descubrimiento no solo resalta la importancia del espacio en la historia local, sino que también brinda una visión inédita de las prácticas religiosas y sociales en la Antigüedad tardía. La basílica, que podría medir 23 metros de ancho y alcanzar 40 metros de longitud, refleja la interacción entre la fe y la vida cotidiana en una sociedad en transición. Los especialistas destacan que el hallazgo puede redefinir el conocimiento sobre la difusión del cristianismo en la región, especialmente en un contexto donde la religión no era aún dominante. La excavación continúa, con perspectivas de revelar más detalles sobre esta singular pieza del pasado.

La investigación continúa con el análisis de los restos humanos y la evaluación de los materiales encontrados, lo que podría aportar nuevas claves sobre el cristianismo en la península itálica durante la Antigüedad tardía.