El hecho ocurrió el 23 de junio a las 7.40 en la calle Rivadavia, entre Torcaza y Benteveo, en San Francisco Solano, Almirante Brown. Lautaro Servín, acompañado por su padre, Marcelo, fue sorprendido por tres jóvenes que los asaltaron. Al caer el hombre, el adolescente se acercó a auxiliarlo. Los ladrones, según testigos, gritaron «¡No murió! ¡No murió!» y volvieron a disparar. Una bala impactó en la espalda de Lautaro, quien llevaba su mochila para ir al colegio.

El vecino que alertó la situación fue un miembro de la Prefectura Naval Argentina, quien disparó al aire para detener a los delincuentes. Otro testigo aseguró que escuchó a los motochorros corear «¡Matalo, matalo!». Lautaro falleció en el Hospital Oñativia de Rafael Calzada, lugar donde se confirmó la gravedad de su herida. La escena del crimen fue clave para la investigación, que contó con el apoyo de la Delegación Departamental de Investigaciones (DDI) de Lomas de Zamara y la Superintendencia de Seguridad Región AMBA Sur II de la Policía Bonaerense.

Las cámaras de seguridad revelaron que los sospechosos provenían del barrio 2 de Abril, en Almirante Brown. El análisis de los artefactos encontrados —incluyendo el fondo de pantalla de un celular, tres balas del mismo calibre y la identificación de la metalera como lugar de reunión— permitió ubicar a los jóvenes detenidos. Los investigadores destacaron la importancia de los elementos encontrados, que ayudaron a establecer el recorrido de los delincuentes y su fuga.

Lautaro, hincha de Independiente, tenía 17 años y cursaba el último año del secundario. Su objetivo era estudiar para ser profesor de educación física. Su muerte dejó en shock a su familia y la comunidad de San Francisco Solano, donde se generó una demanda por justicia. La investigación continúa en busca de más pistas, mientras las autoridades analizan el rol de los testigos y la posible conexión con otros casos similares en la zona.

La detención de los adolescentes abrió una vía para investigar la red de delincuencia juvenil en Almirante Brown, donde la violencia sigue siendo un problema recurrente. La comunidad espera que el caso sirva como alerta para proteger a los jóvenes que, en situaciones de conflicto, decidan intervenir.