Aunque Estados Unidos sigue siendo la potencia militar más poderosa del mundo, el panorama está cambiando. En conflictos recientes, como el de Ucrania, los drones y los ataques cibernéticos han demostrado ser herramientas clave, desbordando la lógica tradicional de ejércitos y buques. Un informe del Center for Strategic and International Studies (CSIS), en colaboración con el Cyberspace Solarium Commission 2.0s, alerta que las capacidades cibernéticas de Washington no están al nivel requerido para defenderse o competir en este ámbito.

El estudio revela que, pese a la presencia de especialistas y unidades dedicadas, el Mando Cibernético no cuenta con una estructura unificada para reclutar, formar y equipar a su personal. «No hay una organización que asuma la responsabilidad de garantizar la preparación integral de quienes operan en este dominio», explica el informe. Esta brecha, según los autores, deja a Estados Unidos vulnerable frente a amenazas que ya son una realidad en conflictos modernos.

La superioridad militar de EEUU se basa en un modelo tradicional: fuerzas terrestres, navales, aéreas y espaciales, apoyadas por una industria de defensa robusta. Según datos de SIPRI, en 2025 el país gastó 954.000 millones de dólares en armas, equivalente al 33% del total global. Sin embargo, este enfoque no abarca la complejidad de una guerra que combina tecnologías digitales, ciberataques y operaciones asimétricas. En la Guerra de Ucrania, los drones rusos y los ataques cibernéticos han demostrado cómo la tecnología puede cambiar la dinámica de los conflictos.

La falta de cohesión en el sector cibernético no solo refleja una brecha en la preparación, sino también en la coordinación entre las ramas militares. Mientras el ejército y la marina trabajan en operaciones tradicionales, el Mando Cibernético enfrenta una estructura descentralizada que dificulta la eficacia. Esta situación, aunque no mina la supremacía general de Estados Unidos, pone de relieve que el poder militar moderno requiere una adaptación constante, especialmente en un entorno donde la tecnología es tanto una arma como una debilidad.

El informe del CSIS subraya que, sin una reorganización de sus capacidades cibernéticas, Estados Unidos podría quedar expuesto a ataques que hoy ya son una realidad en el escenario internacional. La transición hacia una guerra híbrida exige no solo inversión, sino también una visión estratégica que integre la tecnología en la defensa nacional.