En 1966, Juan Carrión, un profesor de español en Cartagena, viajó a Almería con un cuaderno lleno de huecos. No eran apuntes incompletos, sino fragmentos de letras de los Beatles que no lograba descifrar escuchándolos en la radio. Decidió pedirle a John Lennon que le ayudara a completarlos. Esta petición, según relata el autor Javier Adolfo Iglesias, marcó un antes y un después en la enseñanza del idioma.

Carrión nació en Madrid en 1924 y llegó a ser funcionario del Ministerio de Agricultura antes de convertirse en profesor en Londres. Al volver a España, se instaló en Cartagena y creó una academia donde enseñaba inglés con un método inusual: usaba las letras de canciones, transcribiéndolas en tiempo real mientras escuchaba por radio. Los huecos en las letras eran una herramienta clave para enseñar, pero a veces se le escapaban algunos versos.

La idea era revolucionaria. En aquella época, no existían métodos sencillos para acceder a las letras de las canciones. Los singles rara vez las incluían, y los LPs lo hacían apenas. Carrión, según Iglesias, fue un pionero en combinar música, cine y noticias de la BBC para enseñar inglés. Pero su método aún requería ayuda.

Cuando supo que John Lennon viajaba a España en 1966, Carrión se fue a Almería. Allí, tras un autobús y una semana de esfuerzo, logró contactar al músico. La interacción, detallada en «Juan y John, el profesor y Lennon en Almería para siempre», no solo resolvió sus dudas, sino que también abrió una vía para que las letras de los Beatles se convirtieran en herramientas pedagógicas.

El legado de Carrión trasciende el aula: su método, que mezclaba música y enseñanza, sentó las bases de una forma de aprender idiomas que sigue vigente hoy. Hoy, cuando escuchamos canciones, ya no necesitamos suponer las letras: el profesor de Cartagena las hizo accesibles, cambiando para siempre cómo nos conectamos con la música.