El sistema Volta y su éxito inicial

Según informó Xataka, Portugal lanzó el sistema Volta en 2022 para fomentar la reciclación, obligando a los consumidores a devolver botellas plásticas y vidrio en puntos específicos. La medida fue celebrada por su potencial para reducir residuos, con un objetivo de recoger 300 millones de unidades en tres años. Sin embargo, la iniciativa no logró el equilibrio esperado: en Lisboa, la cantidad de botellas abandonadas en calles y puntos de recolección superó las expectativas, generando un impacto inesperado.

El desbordamiento en Lisboa y la crítica al modelo

Según informes locales, los vecinos de Lisboa denunciaron que los contenedores de depósito están llenos de botellas, mientras que la ciudad se ve abrumada por residuos sin reciclar. El alcalde de la capital, André Matos, admitió que el sistema «no funcionó como se esperaba» y solicitó una revisión urgente del modelo. La medida, que inicialmente se promovió como un ejemplo de sostenibilidad, ahora enfrenta críticas por su complejidad y costo operativo. En contraste, regiones como el Algarve lograron adaptarse mejor al plan, según datos del Ministerio de Ambiente.

¿Qué pasa con otras ciudades europeas?

El caso de Portugal no es único. Ciudades como Budapest y Dublín también enfrentan desafíos similares con sus sistemas de depósito. En Budapest, la implementación del modelo generó una disminución del 20% en el volumen de residuos reciclables, pero sin resolver el problema de la contaminación en puntos de recolección. Por su parte, Dublín experimentó una disminución del 15% en el uso de bolsas de plástico, aunque el modelo se vio afectado por la falta de infraestructura. Estos casos sugieren que el éxito del sistema depende de factores como la cultura de reciclaje, la distribución de contenedores y la coordinación entre gobierno y ciudadanos.

La experiencia de Portugal muestra que los sistemas de depósito no son una solución universal. Mientras algunos municipios logran adaptarse, otros enfrentan desafíos que requieren ajustes a la normativa. El caso de Lisboa, en particular, resalta la necesidad de un enfoque más flexible, que combine educación, infraestructura y participación ciudadana para lograr los objetivos de sostenibilidad.