El túnel de Caseros, ubicado en el partido de Tres de Febrero, se transformó en el escenario de una celebración única. Cada vez que Argentina ganaba en el Mundial, la muchedumbre hacía espacio para Luciano Agüero, un joven trombonista que, montado en su moto, toca la primera nota del himno nacional al cruzar el pasillo. La multitud se calla, el silencio se rompe con el sonido del trombón y todo el mundo celebra junto a él.

El fenómeno comenzó a tomar forma desde la madrugada del domingo, cuando la victoria sobre Suiza en los cuartos de final se multiplicó en redes. Pero lo que marcó la diferencia fue la participación de Agüero, que no solo se convirtió en un símbolo de la alegría, sino en una cábala que se repite cada vez que la Argentina gana. «Hasta el hermano de Enzo Fernández me escribió», contó el joven, que vive en el mismo barrio de Pablo Podestá. Su acto, simple pero contundente, se convirtió en una tradición que desafía la lógica de las celebraciones tradicionales.

Antes de llegar al túnel, Agüero describió la preparación de su rutina. «Me saqué el escape de la moto para que hiciera ruido y me fui con el trombón en la mano», recordó. La colaboración con un amigo, quien lo sostuvo mientras cruzaba el pasillo, le permitió realizar el acto sin interrupciones. Lo que siguió fue replicado por canales de televisión y redes, convirtiendo su gesto en una pieza de arte urbano.

La viralización no solo lo catapultó a la fama, sino que le dio una plataforma para seguir compartiendo su pasión. «Es algo que no esperaba, pero ahora es parte de mi vida», afirmó Agüero, quien ve en su acto una forma de unir a la gente a través de la música. La combinación de la energía del hinchada, el silencio respetuoso y el sonido del trombón crea un momento que trasciende lo deportivo.

La celebración de Agüero se convirtió en una referencia para quienes buscan conectar con la pasión por el fútbol. Su acto, sencillo pero impactante, demostró que el arte puede ser parte del festejo. Ahora, cada vez que la Argentina gana, el túnel de Caseros se convierte en el lugar donde el sonido del trombón vuelve a sonar.