En el corazón de las marismas del Guadalquivir, donde la naturaleza parece conocer cada rincón, un dispositivo de vigilancia entomológica reveló algo inesperado: no el mosquito del virus del Nilo, sino cuatro especies de jején hematófago. La operación, liderada por científicos del CSIC y la Universidad de Milán, se llevó a cabo en Doñana, uno de los ecosistemas más monitoreados de Europa. La sorpresa llegó cuando las trampas capturaron moscas de dos milímetros, un bicho que ha picado a europeos durante millones de años, pero que nadie había detectado antes.

Los jejenes, pertenecientes a la familia Ceratopogonidae, son conocidos por sus picaduras diurnas y su hábitat en suelos arenosos, dunas y marismas. Sus hembras se alimentan de sangre, haciendo pequeños cortes en la piel para liberar un líquido que facilita la alimentación. En Andalucía, el hallazgo de ocho especies —cuatro nuevas y otras ya registradas— desafía la idea de que la zona esté completamente mapeada. «Si en un lugar tan estudiado como Doñana se descubren estas especies, imaginar qué fauna diminuta sigue pasando desapercibida», reflexionó un investigador.

La presencia de estos insectos no es nueva, pero su diversidad en la región sí lo es. En la costa Toscana, por ejemplo, un descontrol de jejenes puede destruir tramos de playa, como ocurrió en Menorca. En Doñana, sin embargo, el impacto parece limitado. Aunque son molestos, no transmiten enfermedades infecciosas. La clave está en su capacidad para colonizar áreas costeras, donde sus larvas se desarrollan en aguas estancadas. La pregunta que surge es: ¿cómo es posible que no se hubieran detectado antes?

El estudio, publicado recientemente, resalta la importancia de reevaluar métodos de monitoreo. Las trampas convencionales pueden no capturar especies pequeñas o poco activas, especialmente si su hábitat no se analiza en profundidad. En un mundo donde la biodiversidad se ve amenazada, descubrir especies nuevas no solo enriquece el conocimiento, sino que también alerta sobre la necesidad de adaptar estrategias de vigilancia. La caza del mosquito del Nilo no terminó, pero ahora la mirada se volcó hacia otro tipo de moscas, con implicaciones que aún no se miden.

La sorpresa de los científicos en Doñana subraya que incluso en zonas bien estudiadas, la biodiversidad microscópica sigue siendo un terreno minado. Este hallazgo no solo agrega nuevos datos a la biología, sino que también pone en marcha un debate sobre cómo mejorar los sistemas de monitoreo para no dejar pasar especies clave. La pregunta ahora es: ¿qué otros secretos guardan los ecosistemas que creemos conocidos?