La FIA suele tener la última palabra en las sanciones de la Fórmula 1. Esta vez, el peso de la decisión cayó en manos de Alpine, que logró revertir una penalización que afectaba al tercer puesto de Pierre Gasly. La decisión dividió al paddock, ya que la escudería francesa fue la única que protestó, aprovechando el Derecho de Revisión de 96 horas.

El error se produjo en el pitlane de Mónaco, donde el sistema de cronometraje registró velocidades superiores al límite de 60 km/h. Pero el análisis posterior reveló que la medición era incorrecta. «La regla no establece que el sistema de cronometraje sea la última palabra», explicó Ruth Buscombe, ingeniera de estrategia. «El propio sistema contradecía sus propios datos».

Las matemáticas confirmaron la contradicción. Las barreras móviles modificaron los cálculos, y Gasly nunca superó el límite. Sus dos penalizaciones de cinco segundos eran erróneas: el piloto iba a 58,7 y 58,8 km/h. La FIA admitió que el error era grave y devolvió el tercer puesto.

La decisión no solo afectó a Alpine. El paddock espera por el impacto en las reglas. ¿Será el comienzo de un cambio en la forma de aplicar sanciones? Mientras tanto, la Fórmula 1 vive una de sus disputas más complejas.

El caso Gasly no solo revirtió un fallo técnico, sino que plantó dudas sobre la infalibilidad del sistema de sanciones. Alpine ganó en Mónaco, pero el peso de la decisión dejó en el aire la legitimidad de un sistema que, hasta ahora, siempre cerraba el caso.