Un estadio lleno, una expectativa inmensa y un equipo que no vino a mostrar. Estados Unidos abrió el torneo con una muestra de fuerza y ambición que no dejó lugar a dudas: quiere ser protagonista. Desde el primer segundo, los estadounidenses controlaron el ritmo, presionaron alto y se plantaron como rivales serios.

El 4 a 1 fue más que un resultado. Fue una declaración de guerra contra los estereotipos que históricamente han acompañado al fútbol en ese país. Pochettino no solo dirigió un partido, sino que dibujó un mapa de cómo quiere jugar el Mundial 2026. Movilidad, intensidad y una agresividad constante definieron el partido. Paraguay, en cambio, se quedó atrás, corriendo tras el balón y sin encontrar su juego.

La historia se repite. Casi un siglo después de la primera edición del Mundial, donde Estados Unidos derrotó a Paraguay por 3 a 0, esta vez la victoria fue más abrumadora. La diferencia fue el dominio total de los locales, que no solo marcaron goles, sino que lo hicieron con autoridad.

Con este triunfo, Estados Unidos no solo confirmó su nivel, sino que también plantó su bandera en el corazón del fútbol mundial. La cita del 2026 no será un espectáculo: será una lucha por el título.