Qué pasó en la quinta ola de calor extremo

Según informó Clarín, El continente europeo vive la quinta ola de calor extremo del año, con temperaturas que superan los 35°C en zonas como Cataluña, el norte de Italia y partes de Francia. La Agencia Europea de Medio Ambiente (EEA) alertó sobre el aumento del riesgo de incendios forestales, especialmente en áreas con sequía prolongada. En España, las autoridades han activado protocolos de emergencia en zonas costeras, mientras que en Italia se registran olas de calor que superan los 40°C en ciudades como Roma y Milán. «Estamos ante una situación crítica, ya que las temperaturas han superado los registros históricos», explicó un portavoz de la Comisión Europea.

El eclipse lunar y el aumento de riesgos de incendios

La coincidencia del eclipse lunar total de 21 de julio con el pico de la ola de calor ha generado preocupación. Durante la noche del eclipse, las temperaturas pueden fluctuar, lo que podría crear condiciones inestables para el control de incendios. En Francia, los bomberos advirtieron que la combinación de calor extremo y la reducción de la humedad en la atmósfera durante la noche aumenta el riesgo de que los fuegos se propaguen rápidamente. «El eclipse no es un factor directo, pero en contextos de sequía, cualquier variación en la humedad puede ser determinante», señaló un experto en prevención de incendios.

El impacto del cambio climático en la frecuencia de olas de calor

La quinta ola de calor en Europa se sume a una tendencia global: la frecuencia e intensidad de estas ondas ha aumentado un 30% en las últimas décadas, según estudios del IPCC. En España, por ejemplo, la cantidad de días con temperaturas superiores a 35°C ha crecido desde 1980, lo que ha llevado a un incremento en la demanda de energía y en las urgencias médicas por calor. «El cambio climático no es un fenómeno lejano: hoy lo vivimos en forma de olas de calor que afectan directamente a la salud y a la economía», destacó un analista climático en Madrid.

La quinta ola de calor extremo en Europa no solo representa un desafío para la seguridad pública, sino también un reflejo del calentamiento global. Las autoridades instan a la población a evitar la exposición prolongada al sol y a seguir las recomendaciones de prevención, mientras que científicos advierten sobre la necesidad de adaptar infraestructuras y políticas frente a estos fenómenos cada vez más frecuentes.