Los evacuados de la zona rural de Almería, en la provincia andaluza, comenzaron a regresar a sus hogares el domingo tras la estabilización del incendio que destruyó miles de metros cuadrados y costó la vida a 12 personas. El fuego, que avanzó a 100 metros por minuto en su pico, arrasó con casas, automóviles y cultivos, dejando un paisaje de ruinas y ceniza. «Es pura devastación», resumió James Shellingford, un británico residente en Bédar, uno de los epicentros del desastre.

El incendio, considerado uno de los más mortales de la historia reciente de España, se extendió por 7.000 hectáreas en un perímetro de más de 40 kilómetros. Las condiciones meteorológicas favorables, como el viento y la humedad del sábado, permitieron a los bomberos contener las llamas, según explicó el presidente del gobierno regional andaluz, Juan Manuel Moreno Bonilla. «Estamos en el principio del fin de ese terrorífico incendio», afirmó el mandatario, quien visitó la zona para evaluar el alcance del daño.

Los afectados, en su mayoría extranjeros que vivían en aldeas cercanas a la costa mediterránea, relataron historias que reflejan el caos. Lore Van Moll, una ciudadana belga de 33 años, contó cómo tuvo que dejar a sus padres en Alfaix: «Escuchabas historias sobre casas incendiadas y personas heridas, y te dabas cuenta de que eras afortunada de estar bien». En la zona, los carros calcinados y las llamas que marcaron el horizonte aún testimonian la ferocidad del fuego.

Las autoridades informaron que alrededor de 1.500 personas desalojadas podrán regresar «de manera escalonada» a sus casas, aunque el proceso de recuperación será lento. «Las víctimas son la prioridad», dijo Moreno, quien destacó que el incendio se convirtió en un «recordatorio de la fragilidad de la vida en zonas rurales». La provincia de Almería, conocida por sus cultivos y la belleza de sus costas, ahora enfrenta el reto de reconstruir lo perdido.

Mientras se evalúa el daño económico y humano, las comunidades locales se preparan para un largo camino de reconstrucción. La tragedia subraya la vulnerabilidad de las zonas rurales ante emergencias climáticas, un tema que preocupa a autoridades y vecinos en el norte de España.