Erling Haaland, el delantero del Manchester City, no es solo el protagonista de un Mundial, sino también el rostro de una campaña viral que combina tecnología y cultura. El fenómeno comenzó con un video que circuló en redes: un supuesto momento en el que el jugador se sorprende al ver su reflejo en un espejo, en un restaurante. La grabación, que acumuló más de 42 millones de visualizaciones, no es real. Es una superposición del rostro de Haaland con un guion de humor chino, generado por inteligencia artificial. El dúo Jin Long y Qiu Qiu, creadores del contenido, pulieron la idea para que pareciera auténtica, convirtiéndola en un hit global.

El auge en China no se limita a la tecnología. El jugador se convirtió en figura de culto tras sumar 5,2 millones de seguidores en Douyin, la versión china de TikTok, en menos de un mes. Los fans manejan dos versiones de él: el «cíborg nórdico», una máquina de goles inhumana, y el «Habao», un personaje torpe pero encantador. Esta dualidad se alimentó con anuncios comerciales, como uno de una bebida herbal, y hasta intentos de hablar mandarín en video, que generaron risa y adhesión.

La popularidad de Haaland en la región también se vio impulsada por la estrategia de las redes sociales. Su perfil en Weibo, la plataforma china de Twitter, superó las 1,6 millones de seguidores. Hashtags relacionados con él alcanzaron 490 millones de visualizaciones solo en ese espacio. La combinación de contenido generado por IA y la conexión cultural con China lo convirtió en un símbolo de la era digital, donde las fronteras entre lo real y lo virtual se borran.

La viralización de Haaland no solo refleja el poder de la tecnología para moldear culturas, sino también cómo los usuarios chinos transforman figuras globales en personajes propios. Su caso muestra cómo un fenómeno inicialmente ridículo puede convertirse en un fenómeno de masas, gracias a la interacción entre lo virtual y lo social.

La historia de Haaland resalta cómo las redes y la IA pueden redefinir la fama, convirtiendo un rostro en un mito. Su auge en China demuestra la importancia de la cultura local para amplificar fenómenos globales.