La tensión en el Golfo Pérsico alcanzó su punto más alto tras un nuevo ataque de la Guardia Revolucionaria iraní contra un buque petrolero en el estrecho de Orm, que desencadenó una respuesta militar estadounidense. Washington destruyó «140 objetivos militares» en respuesta, según fuentes oficiales, mientras Teherán lanzó una serie de ataques con misiles y drones contra Jordania, Qatar, Kuwait y Bahrein. La acción iraní se enmarcó en un contexto de confrontación que incluyó también la destrucción de infraestructuras estadounidenses en varios países del área.

El ataque contra la base aérea estadounidense Príncipe Hassan en Jordania fue uno de los puntos más destacados. La Guardia Revolucionaria informó de la destrucción de su centro de mando y control, junto con hangares de drones MQ9, según la agencia iraní Tasnim. El ataque, según el comunicado, fue una respuesta directa al «bloqueo» de EE.UU. a un buque petrolero iraní que cruzaba el estrecho de Ormuz. Las autoridades estadounidenses negaron haber interferido deliberadamente en el movimiento del buque, aunque reconocieron la presencia de embarcaciones navales en la zona.

En Qatar, la base aérea Al-Udeid, clave para las operaciones estadounidenses en la región, sufrió daños severos tras un ataque con misiles que destruyó centros de mantenimiento y mando. Irán también atacó la base estadounidense en Kuwait, destruyendo un depósito de municiones y una estación de radar. Además, los drones iraníes atacaron el sistema antimisiles Patriot en Kuwait y las instalaciones de comunicación y radar en Bahrein. La agencia qatarí de noticias confirmó que sus fuerzas repelieron un ataque no identificado, mientras el gobierno de Bahrein recomendó a los ciudadanos refugiarse en lugares seguros.

La escalada de hostilidades pone de relieve el papel de Irán como actor regional clave y la presencia militar estadounidense en el Golfo. La situación ha generado preocupación en el Consejo de Seguridad de la ONU, mientras los países afectados buscan equilibrar la defensa nacional con la prevención de un conflicto masivo. La tensión, que ya había superado los niveles de 2020, muestra cómo la geografía del Golfo sigue siendo un escenario de conflictos interrelacionados, con impactos en la seguridad global y los mercados energéticos.

La intensificación de las hostilidades entre Irán y EE.UU. no solo agudiza las tensiones en el Golfo Pérsico, sino que también refleja el crecimiento del poder regional de Irán como actor estratégico. La región ahora enfrenta un escenario de inestabilidad que podría afectar a la economía global, especialmente en sectores como el petróleo. La respuesta de los países afectados, desde la defensa nacional hasta la prevención de consecuencias humanitarias, muestra la complejidad de un conflicto que no tiene fronteras ni límites claros.