Paolo Maldini, el ex capitán del AC Milan, asumió este sábado el rol de director técnico de la Federación Italiana de Fútbol (FIGC). La decisión, anunciada por el presidente Giovanni Malago, surge tras el fracaso de Italia en clasificarse al Mundial 2026, su tercera eliminación consecutiva en el torneo. El objetivo es reconstruir un equipo que lleva décadas sin disputar un Mundial, desde Brasil 2014.

La selección azzurra no solo quedó fuera del Mundial 2026, sino que también cayó en el repechaje tras perder contra Bosnia-Herzegovina. Este descalabro, junto a su eliminación en fase de grupos en Rusia 2018 y Qatar 2022, puso en crisis al entorno técnico. Maldini, con una trayectoria de más de 150 partidos como jugador, ahora se encargará de rearmar la estructura. Su primer desafío será impulsar un equipo que ha perdido su estatus en la élite del fútbol mundial.

El brasileño Leonardo, exdirector deportivo del PSG y del AC Milan, será su asesor. Su experiencia en gestión y formación de jugadores podría ser clave para replantear el proyecto. Sin embargo, la presión sobre Maldini será elevada: Italia necesita recuperar su prestigio tras el título de la Eurocopa 2021, que no logró convertir en un resurgimiento duradero. La expectativa es que el director técnico defina un rumbo claro para la próxima generación.

La figura de Maldini no es nueva en el fútbol italiano. Su carrera como jugador marcó la era de la «scuola» del Milan, y su liderazgo en la cancha convirtió a Italia en un referente en los años 90. Ahora, en su rol de director, deberá equilibrar nostalgia con innovación. La figura de Antonio Conte, su exentrenador en el Milan, vuelve a sonar como posible sucesor de Gennaro Gattuso, quien dejó el cargo tras el repechaje. La búsqueda de un técnico con experiencia internacional se intensifica, mientras la federación busca evitar una nueva etapa de frustraciones.

La elección de Maldini marca un cambio en la política de la selección, pero el reto es enorme. La urgencia de recuperar el prestigio internacional y encontrar un entrenador capaz de guiar a la nueva generación define el horizonte. La selección azzurra sigue en busca de su lugar en la élite, con el Mundial 2026 como la prueba definitiva.