La casa natal de Adolf Hitler, en Braunau am Inn, al norte de Austria, se convirtió este miércoles en la primera comisaría del país. El cambio, anunciado por el ministro del Interior, Gerhard Karner, busca frenar las visitas de grupos que veneran al dictador, cuyo legado sigue generando controversia. El sitio, donde nació el 20 de abril de 1889, había sido un punto de culto para neonazis, quien se reunían en torno a una estatua en la fachada.

El edificio, ahora adaptado como sede policial, conserva una piedra conmemorativa con la inscripción: «Por la libertad y la democracia. Fascismo nunca más. Millones de muertos nos lo recuerdan». La inscripción, colocada en el exterior, refleja el compromiso del Estado austriaco con la memoria histórica. Karner destacó que el gobierno «afronta este legado, el terrible legado de aquella época», asegurando que el sitio será un recordatorio de la tragedia del nazismo.

La renovación del inmueble, que costó 20 millones de euros, se prolongó varios años. La propiedad, cuestionada durante décadas, fue expropiada en 2017 tras un enfrentamiento judicial. El gobierno austríaco había adquirido el edificio desde 1972 para evitar su uso como centro de ideología racista. Aunque se consideró demolerlo, se optó por transformarlo en un espacio simbólico. La casa, abandonada tras la desaparición de un centro cultural, ahora alberga oficinas de policía, mientras que sus salas preservan los objetos originales de la familia Hitler.

El cambio simbólico tiene un peso político: Austria, país que se declaró neutral tras la guerra, ha enfrentado en los últimos años un aumento de grupos de derecha. La decisión de convertir el lugar en una comisaría busca no solo controlar el acceso, sino también reafirmar el rechazo al fascismo. Los historiadores destacan que el edificio representa una contradicción: una casa de la violencia se transforma en un espacio de justicia. La medida, aunque controversial, podría marcar un hito en la lucha contra el olvido de la dictadura.

La transformación del edificio en comisaría no solo altera su función, sino que también simboliza un enfrentamiento con el pasado. Con 6 millones de víctimas del Holocausto y la destrucción de Europa bajo el régimen nazi, el acto refuerza la importancia de recordar la historia para evitar repetirla. La decisión, sin embargo, deja abierta la cuestión de cómo equilibrar la memoria colectiva con el respeto a la propiedad histórica.