La materia oscura y los secretos de los agujeros negros

Según informó Xataka, La materia oscura, que constituye el 27% del universo, sigue siendo uno de los enigmas más profundos de la física. A pesar de su ausencia de radiación electromagnética, su gravedad influye en la formación de galaxias y la dinámica de los cúmulos. Ahora, científicos teóricos proponen que su interacción con supermasivos podría revelarse en la estabilidad de sistemas como los de Júpiter y Saturno.

En una investigación publicada en *Physical Review D*, los autores analizan cómo la materia oscura podría afectar la distribución de masa en galaxias y, por extensión, en sistemas planetarios. La idea se basa en simulaciones que muestran que la materia oscura «cristaliza» en estructuras que modulan la rotación de discos galácticos. Este fenómeno, aunque teórico, podría observarse en la dinámica de discos de acreción alrededor de agujeros negros supermasivos, donde la gravedad domina.

¿Por qué Júpiter y Saturno son clave en este misterio?

Los gigantes gaseosos del sistema solar, especialmente Júpiter y Saturno, han sido centrales en debates sobre la formación planetaria. Su masa y órbita influyen en la estabilidad del sistema, pero también en la distribución de materia oscura en el espacio. Un modelo reciente sugiere que la materia oscura podría acumularse en «corazones» de estos planetas, alterando su rotación y generando perturbaciones detectables.

Este enfoque no es nuevo: en 2021, investigadores propusieron que la materia oscura podría formar estructuras en discos planetarios, algo que podría explicar la asimetría de ciertas órbitas. Sin embargo, la hipótesis actual amplía el debate al vincularla directamente con fenómenos astrofísicos extremos, como la radiación de agujeros negros. La idea no está confirmada, pero abre un nuevo camino para estudiar la materia oscura en contextos más accesibles que los de galaxias enteras.

Si se confirma esta teoría, la materia oscura podría dejar huellas en sistemas solares, no solo en escalas cósmicas. Los modelos actuales sugieren que su interacción con agujeros negros supermasivos podría generar señales detectables, lo que haría de los gigantes gaseosos un laboratorio para entender uno de los componentes más misteriosos del universo.