El Papa Francisco (León XIV) inició este lunes su vacaciones veraniegas en Castel Gandolfo, una tradición que su antecesor, el argentino Jorge Mario Bergoglio, dejó de seguir al transformar el Palacio Apostólico en museo. La Villa Pontificia, ubicada a 60 kilómetros de Roma, fue el lugar donde el pontífice pasará las próximas semanas con descanso, oraciones y lecturas, según anunció desde el balcón de su residencia. «Gracias por ser hermanos y hermanas», dijo el Papa, saludado por la población local en la plaza central, antes de partir hacia su periodo de reposo.

Las audiencias privadas del mes de julio y las generales quedaron suspendidas, con el calendario ordinario reanudándose el 30 de julio. El Papa planea una segunda estadía en Castel Gandolfo entre el 15 y el 17 de agosto, incluyendo una Santa Misa el 15, día de la Asunción de la Virgen, y la celebración del Ángelus el 17, tras una recitación mariana dominical. Al finalizar este periodo, regresará al Vaticano, cerrando así su descanso estival.

La Villa Pontificia, un conjunto de edificios históricos desde el siglo XVII, ha sido clave en la vida de los pontífices. Durante siglos albergó a los papas, pero bajo la gestión de Bergoglio, se convirtió en un museo. León XIV, al reanudar la tradición, vuelve a usar esta residencia, un gesto que resalta la importancia de las Villas Pontificias en el contexto histórico de la Santa Sede. El complejo, que incluye la Villa di Castel Gandolfo, se extiende sobre un área con raíces romanas y medievales, incorporada a los bienes de la Iglesia en 1604.

La decisión de retomar la rutina estival refleja un equilibrio entre la vida pública y el descanso, algo que el Papa ha priorizado en sus mandatos. Mientras los fieles esperan por su retorno al Vaticano, la Villa Pontificia vuelve a ser centro de atención, recordando cómo la tradición y la historia se entrelazan en el rol del pontífice.

La reanudación de las vacaciones en Castel Gandolfo no solo marca un cambio en la agenda del Papa, sino también un enfoque en la continuidad de prácticas que han sido parte de la institución desde el siglo XVII, alejándose de la innovación que marcó la gestión de Bergoglio.