La reunión en la sede de la Unión Industrial Argentina, en Avenida de Mayo, fue el primer paso de Marín en una gira por el interior. Durante la conversación, Rappallini destacó que el crecimiento de Vaca Muerta requiere «integrar a los proveedores locales y traducirlo en oportunidades para toda la cadena productiva». Marín, por su parte, explicó cómo las inversiones de YPF generan empleo y apoyan a pequeñas y medianas empresas.

El debate sobre la inclusión de proveedores nacionales no es nuevo. Con la apertura a importaciones y el Régimen de Incentivos a las Grandes Inversiones (RIGI), proyectos como la construcción de caños argentos para gasoductos han sido clave. Según un informe de la Cámara de Industriales de Proyectos e Ingeniería de Bienes de Capital, se han importado 75 productos que podrían producirse localmente.

Aunque las cifras de importaciones por proyectos RIGI superan los 286 millones de dólares, el 40% pertenece a Vaca Muerta Sur (VMOS), un oleoducto que entrará en operación en 2027. La conversación en la UIA refleja la tensión entre el crecimiento del sector energético y la necesidad de reemplazar importaciones con producción local.

El éxito de Vaca Muerta dependerá de si las inversiones generan empleo local y fortalecen a pymes, un reto que Marín y Rappallini enfrentan en un contexto de creciente dependencia de tecnologías extranjeras. La integración de proveedores argentos no solo beneficiaría a la industria, sino también a la economía nacional, al reducir la brecha entre lo que se produce y lo que se consume. Sin embargo, la complejidad de los proyectos energéticos exige coordinación constante entre empresas, gobiernos y sectores productivos. La conversación en la UIA marcó un hito en ese esfuerzo, pero el camino hacia una industria más autónoma y competitiva sigue abierto.

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