El 2 de julio de 1976, una bomba detonada por Montoneros en la Superintendencia de Seguridad Federal, ubicada en el corazón de Buenos Aires, convirtió el ataque en una tragedia que sumó a la lista de víctimas de la dictadura. El lugar, conocido como «el comedero de la Federal», era un espacio donde civiles y militares se reunían, lo que amplió el impacto del atentado. La operación fue parte de un intento de desafiar el régimen militar que asumió el poder un mes antes, el 24 de marzo, tras el golpe de Estado.

La represión del Ejército, liderada por figuras como Martínez de Hoz, se intensificó tras el ataque. Los grupos de tareas arrestaron a cuadros guerrilleros, militantes, simpatizantes o inocentes en operaciones que se caracterizaron por la falta de debido proceso. El conflicto entre la resistencia armada y el Estado llegó a su punto más crudo, con la muerte de civiles que incluyeron a trabajadores de la seguridad y residentes del barrio de Congreso.

El ataque, analizado como una estrategia para desestabilizar la dictadura, terminó en una derrota para Montoneros. La organización, acorralada por la represión, decidió abandonar el país en diciembre de 1976, lo que marcó el fin de su activismo armado. La fecha del ataque, coincidiendo con el 50 aniversario, invita a reflexionar sobre las lecciones de la violencia y el impacto en la memoria colectiva.

El 2 de julio de 2026, el aniversario del ataque recuerda un episodio crítico de la historia argentina. La elección del escenario, donde se mezclaban civiles y militares, subraya la complejidad de la guerra sucia y su efecto en la sociedad. Hoy, el legado del ataque sigue siendo relevante para entender la relación entre resistencia armada y represión estatal.