De karting a GT3: un camino de sueños y desafíos

Nacho Montenegro, de 21 años, vive en Valencia desde que dejó Argentina. En su casa, un departamento modesto, se entrelazan el ruido del motor y el silencio de las noches. Aunque su vida parece un filme de acción, lo cierto es que su día a día es más cercano a lo cotidiano. “Mi vecino me agregó al grupo de WhatsApp. Les pongo: ‘Este fin de semana no voy a estar con el teléfono’”, cuenta con una sonrisa. La ironía del asunto es que, como dice, “no se imaginan a un piloto de élite discutiendo el arreglo de un ascensor”.

El chubutense comenzó su historia en karting, junto a Franco Colapinto. Aquellos años, en el sur del país, lo llevaron a competir en circuitos de bajo presupuesto. “Fue muy difícil. A mí también me ofrecieron ir a Europa a los 13 años, pero mi viejo se asustó. No es fácil dejar a tu hijo solo en otro país”, explica. La experiencia lo tocó a los 18, cuando viajó a Italia. Aunque la transición fue complicada, hoy lo ve como una etapa clave. “Lo que me permitió crecer como piloto y como persona”, afirma.

Rossi, Colapinto y la complicación de ser ‘el chico de la moto’

La relación con Valentino Rossi es un tema que suscita curiosidad. El italiano, leyenda de MotoGP, es su compañero de equipo en la GT World Challenge Europe, pero no se anima a pedirle una foto. “Probablemente se pregunten cómo llegué hasta acá”, dice, como si fuera un personaje de película. La verdad es que su acceso a la fama fue gradual: desde el karting hasta las categorías de resistencia, pasando por un par de campeonatos menores.

Franco Colapinto, su amigo de infancia, es otro punto de interés. “A veces me preguntan si somos como en las películas, pero la realidad es más sencilla. Nosotro somos amigos, no más que eso”, explica. La amistad se sostiene en la competencia, en los entrenamientos y en los momentos de descanso. “Hacemos cosas juntos, pero cada uno tiene su camino”, añade.

La vida de un piloto no es solo acelerar. Montenegro debe manejar reuniones de consorcio, facturas y la tensión de los entrenamientos. “Soy un pibito que vive solo, pero no es tanto drama. Lo más difícil es equilibrar el trabajo con la vida personal”, confiesa. En Valencia, la ciudad donde vive, el equilibrio es un reto. “A veces me preguntan si es fácil ser piloto, pero la verdad es que hay cosas que no entienden. Como el estrés de una carrera o la responsabilidad de un auto tan potente como el BMW M4 GT3”.

Entre el mito y la realidad: ¿qué no se dice de ser piloto?

La fama le llegó de forma gradual, pero siempre acompañada de expectativas. “A veces me siento como un personaje de ficción. La gente me pregunta cosas que no me imagino”, dice. La presión, sin embargo, no es lo más complicado. “Lo más difícil es mantener la cabeza fría en la pista. El motor no se detiene, y cada error puede costar caro”.

La competencia en GT World Challenge Europe es intensa. Con un auto de alto rendimiento, cada milímetro de la pista cuenta. “El BMW es una herramienta poderosa, pero requiere respeto. No es solo velocidad, es también técnica”, explica. La meta es ganar títulos, pero también aprender. “Quiero ser parte de la historia del automovilismo, pero no como un nombre. Quiero dejar un legado real”.

Nacho Montenegro vive una vida que combina mitos y realidad. Entre el ruido del motor y el silencio de las calles de Valencia, construye su camino. La amistad con Colapinto, el compañerismo con Rossi y la responsabilidad de ser piloto lo definen. Hoy, en un circuito europeo, sigue escribiendo su historia, paso a paso.