La sostenibilidad requiere más, no menos, productividad

Según informó Clarín, Federico Garat, líder de Relaciones con Clientes en Bayer Crop Science, afirmó que “nada va más en contra de la sustentabilidad que producir menos por hectárea”. Durante una entrevista, resaltó que la clave para lograr un equilibrio entre rentabilidad y preservación del medio ambiente radica en la integración de tecnología y manejo sustentable del suelo.

En el contexto de la Argentina, donde la agricultura representa un pilar económico, el desafío es traducir esta visión en prácticas reales. “El suelo no es solo una base para la producción, es un activo que debe ser gestionado con herramientas modernas y una visión de largo plazo”, explicó Garat. Esta afirmación se enmarca en un debate creciente sobre cómo evitar la degradación de tierras sin sacrificar la capacidad productiva del país.

El suelo como activo: una mirada crítica

Según Garat, el suelo debe ser tratado como un recurso estratégico, no solo un medio de cultivo. “La rotación de cultivos y la planificación de ciclos agrícolas son esenciales para mantener su fertilidad y productividad”, dijo. Estas prácticas, combinadas con el uso de tecnología como sensores y datos en tiempo real, permiten optimizar el uso de insumos y reducir el impacto ambiental.

El experto destacó que en la Argentina hay un “potencial enorme para adoptar enfoques más sostenibles”, pero esto requiere invertir en capacitación y acceso a tecnología. “La producción no puede ser vista solo como una actividad económica, sino como un sistema complejo que involucra al suelo, el clima y la comunidad”, enfatizó. Esta visión contrasta con modelos tradicionales que priorizan la rentabilidad inmediata sobre la sostenibilidad a largo plazo.

Desafíos y oportunidades en la agricultura argentina

Aunque el país lidera la producción de granos en América Latina, la sostenibilidad es un tema que aún no se ha resuelto del todo. Según datos del Ministerio de Agricultura, el 70% de las tierras cultivables están en estado crítico de degradación. “El desafío es no solo mejorar los rendimientos, sino también recuperar la capacidad de las tierras para producir sin dañar el ecosistema”, dijo Garat.

Para abordar esto, propone una combinación de políticas públicas y acciones privadas. “La inversión en tecnología y en programas de conservación del suelo debe ser una prioridad para garantizar la seguridad alimentaria y la competitividad del sector”, sostuvo. Esta mirada resalta la necesidad de una transformación cultural en la agricultura argentina, donde la sostenibilidad no sea un concepto abstracto, sino una práctica diaria.

La visión de Federico Garat subraya que la sostenibilidad en la agricultura argentina no implica renunciar a la productividad, sino redefinirla. La gestión integral del suelo, junto con la adopción de tecnología, podría convertirse en la base para un modelo agrícola más resiliente y responsable.

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