Natalidad argentina cayó un 46% en 9 años, impactando especialmente a zonas del conurbano.
Natalidad argentina cayó un 46% en 9 años
Desde 2015, el nacimiento de niños en el país se redujo de 770 mil a 413 mil, según datos del INE. La tendencia global de bajo crecimiento demográfico refleja cambios en la vida moderna, con impacto en hospitales y maternidades de las zonas urbanas.
Un descenso sin precedentes en la natalidad
Los datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INE) revelan que, entre 2015 y 2024, la cantidad de nacimientos en Argentina cayó 46%, pasando de 770.040 a 413.135. En el conurbano bonaerense, donde se concentra la mayor parte de la población, el impacto es visible en hospitales como el Hospital de Emergencias Dr. Mario C. Piacentini en La Matanza o el Hospital Posadas en San Miguel. Las maternidades registran menos partos, lo que obliga a ajustar horarios y recursos.
El contexto global y los países en crisis
El fenómeno no es único en Argentina. La Organización Mundial de la Salud (OMS) alerta sobre una «crisis de natalidad» en múltiples países, incluyendo China, Italia y Japón. En el caso argentino, la tasa de fecundidad (niñas y niños nacidos por mujer) se ubicó en 1,2 en 2023, muy por debajo de la tasa de reemplazo (2,1). Esta caída se atribuye a factores como la urbanización, el acceso a anticonceptivos y la priorización de la educación sobre la maternidad. En el conurbano, donde el costo de vida es alto, jóvenes prefieren postergar hijos o optar por tener menos.
¿Qué implica esta tendencia para el conurbano?
El impacto se siente en el sistema de salud, donde las unidades de neonatología y servicios de emergencia enfrentan escasez de pacientes. En San Isidro, por ejemplo, el Hospital San Camilo redujo su capacidad de atención por partos, mientras que en Hurlingham aumentaron las consultas de planificación familiar. Además, los municipios enfrentan desafíos en políticas públicas: desde la educación infantil hasta la infraestructura para familias. Expertos alertan que, sin intervenciones, la población podría envejecer aceleradamente, generando presión en los servicios sociales.
El descenso en la natalidad no solo afecta a las instituciones de salud, sino también a la economía y la estructura social del conurbano. Con la población cada vez más envejecida, los gobiernos locales deberán adaptar políticas para sostener el crecimiento y mitigar los efectos del bajo crecimiento demográfico.
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