Lionel Messi, uno de los deportistas más ricos del planeta, no descansa en la cancha. Lejos del fútbol, su fortuna —estimada en más de 1.100 millones de dólares— se sustenta en una red de negocios que abarca desde propiedades millonarias hasta tecnología aplicada al deporte. Solo en el último año, sus ingresos alcanzaron 140 millones de dólares, la mitad por su salario y la otra por acuerdos comerciales, según Forbes. Este modelo, donde su marca funciona de forma independiente de su carrera futbolística, lo convierte en una referente para otros jugadores de la Selección que buscan ampliar sus patrimonios.

La estrategia de Messi se basa en un holding administrado por su family office, con participación de su padre, Jorge Messi, y ejecutivos cercanos. Su portafolio incluye 20 sociedades que operan en real estate, hoteles, tecnología y entretenimiento. Entre sus activos destacan el Edificio Rostower SOCIMI, una inmobiliaria cotizada en España con una capitalización de 282 millones de dólares, y la cadena hotelera MiM Hotels, que opera en destinos como Ibiza, Mallorca y Andorra. Las suites de lujo de esta última superan los 1.300 euros por noche en temporada alta.

En el ámbito tecnológico, Messi lanzó Play Time Sports-Tech HoldCo, una firma en Silicon Valley enfocada en proyectos de inteligencia artificial aplicada al deporte, e-sports y medios. Además, creó 525 Rosario, una productora de contenidos que desarrolla documentales, cine y proyectos audiovisuales. Estas inversiones no solo diversifican sus fuentes de ingreso, sino que también le permiten aprovechar su fama global en sectores que no dependen de la pelota.

Otros jugadores de la Selección también exploran negocios en nichos como gastronomía, diseño y bienes raíces. El fútbol no es su único sustento: el mercado de los deportistas famosos ha evolucionado, y ahora sus marcas, redes sociales y conexiones con patrocinadores los convierten en empresarios que operan en múltiples industrias. Este fenómeno refleja una tendencia global, donde el valor de las estrellas no se mide solo en goles, sino en su capacidad para construir legados más allá del campo.

Los negocios de Messi y otros jugadores de la Selección muestran cómo el fútbol, aunque central, ya no es la única vía para generar riqueza. Sus inversiones en sectores diversificados no solo aseguran ingresos estables, sino que también amplían su impacto en el mercado global, convirtiéndolos en referentes de un nuevo modelo de exitosidad.

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