El clima cada vez más caliente obliga a buscar soluciones innovadoras. En París, la solución no es el aire acondicionado convencional, sino una infraestructura gigantesca. El sistema, llamado Fraîcheur de Paris, conecta casi mil edificios mediante una red de 120 kilómetros de tuberías bajo el suelo.

El funcionamiento es sencillo: agua a 2 o 4 grados Celsius viaja por las tuberías hasta los edificios. Allí, absorbe el calor del ambiente mediante intercambiadores y vuelve a enfriarse en plantas subterráneas. El río Sena actúa como depósito térmico, permitiendo enfriar sin usar energía eléctrica en temporadas frías.

La idea es evitar el círculo vicioso del calentamiento: cuanto más calor hace, más se usan los aires acondicionados, lo que agrava el problema. Según datos de la Agencia Internacional de la Energía, el aire acondicionado representa casi el 20% del consumo eléctrico global. Desde 1990, sus emisiones de CO2 subieron más del triple, superando mil millones de toneladas.

En ciudades, el efecto es aún más intenso. La «isla de calor urbana» hace que los edificios suban su temperatura. París, desde 2018, apostó por una solución centralizada para reducir la dependencia de equipos individuales y minimizar el impacto ambiental.

Este sistema muestra cómo una infraestructura sostenible puede ser clave para enfrentar el calor extremo. Al integrar recursos naturales y tecnología, París busca romper el ciclo de dependencia energética y ofrecer un modelo viable para otras ciudades.