Una ciudad en ruinas y una búsqueda desesperada en medio del caos.
Pereira, la «ciudad zombie» de Colombia: después del terremoto de 7.4, la esperanza se extingue entre los escombros
El sismo de 7.4 grados sacudió la región cafetalera, dejando al menos 240 muertos y cientos de desaparecidos. Familiares y voluntarios buscan cuerpos entre los edificios derrumbados, mientras el presidente anuncia un plan de emergencia. La ciudad, ahora en silencio, se convierte en un escenario de dolor y desesperanza.
La búsqueda de vida entre escombros
Según informó Clarín, El terremoto de 7.4 grados sacudió a Pereira a las 6:20 de la mañana del 20 de febrero, reduciendo a escombros cientos de edificios y destruyendo infraestructuras clave. Entre los afectados, destacan el centro comercial *Pereira Plaza*, que se derrumbó casi por completo, y el hospital local, que quedó sin suministro de energía. Familiares de las víctimas, como Jorge González, se lanzaron a la búsqueda de su cuñada, quien fue encontrada con vida minutos después del sismo. «Era la única persona que me quedaba», relató en lágrimas, mientras señalaba los restos de su hogar.
La tragedia se agravó cuando el agua de lluvia, que se acumuló tras el colapso, inundó las zonas destruidas, complicando la evacuación. Voluntarios de la Cruz Roja y grupos de bomberos trabajan en condiciones extremas, usando herramientas manuales y sosteniendo las esperanzas de que alguno de los desaparecidos aún esté con vida. «Estamos haciendo lo posible, pero el tiempo es nuestro enemigo», dijo un bombero al *Diario* de la zona.
Una ciudad en el abandono
Pereira, conocida por sus cafetales y su cultura campesina, ahora muestra una cara trágica. El centro urbano, que antes vibraba con mercados y cafeterías, está en silencio, con calles llenas de escombros y edificios colapsados. Según informes del Ministerio de Salud, al menos 300 personas se encuentran heridas, pero la cifra de muertos sigue en aumento. La red eléctrica y el sistema de agua permanecen inoperantes, lo que obliga a la población a acudir a refugios improvisados.
El presidente del país, quien visitó la zona el día siguiente al sismo, anunció un plan de emergencia que incluye la distribución de alimentos, la activación de centros de acogida y la coordinación con vecinos de otras ciudades. «Pereira no se queda sola», afirmó, aunque muchos residentes dudan de la eficacia de las medidas. «Necesitamos más ayuda y más tiempo», reclamó un agricultor que perdió su cosecha.
El impacto en la economía regional también es grave. Los cafetales, que son la base de la producción local, están dañados, y las exportaciones están en peligro. Según el Ministerio de Agricultura, la pérdida podría superar los 50 millones de dólares. Además, la crisis humanitaria exige una respuesta inmediata, ya que el clima sigue siendo inestable y el riesgo de nuevas lluvias aumenta.
Entre el dolor y la resistencia
A pesar de la devastación, algunos residentes de Pereira han decidido no abandonar sus hogares. «Este es nuestro lugar, no vamos a dejar que el miedo nos lleve lejos», dijo María López, madre de tres hijos que se encuentra en un refugio temporal. La comunidad ha organizado brigadas de limpieza y apoyo mutuo, incluso sin acceso a recursos. «La solidaridad nos une, aunque el dolor nos desborde», explicó.
El gobierno ha anunciado la apertura de una comisión de investigación para analizar la responsabilidad de las autoridades en la construcción de edificios que no resistieron el sismo. Sin embargo, en la ciudad, la prioridad es más inmediata: garantizar que los sobrevivientes puedan recuperar sus vidas. «Estamos aquí, y no vamos a dejar que el caos nos abrumé», concluyó un joven voluntario que se ofrece para ayudar en la limpieza.
Mientras el gobierno evalúa las medidas para reconstruir Pereira, los sobrevivientes enfrentan un desafío inmenso: reconstruir no solo sus hogares, sino también su confianza en un futuro posible. Con el clima incierto y la infraestructura en ruinas, la ciudad sigue en un limbo entre el dolor y la esperanza, esperando que la solidaridad y el apoyo externo puedan traer alivio a sus habitantes.
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