La construcción de presas en el mundo ha dejado una huella inesperada en la dinámica de la Tierra. Un estudio reciente muestra que, tras más de 190 años de obras hidroeléctricas, las masas de agua acumuladas han alterado ligeramente la duración del día y el eje de rotación del planeta. El caso más emblemático es la presa de las Tres Gargantas, en China, cuya construcción movió una cantidad de agua tan vasta que, según cálculos de la NASA, alargó el día terrestre en 0,06 microsegundos. Aunque ese impacto parece mínimo, el estudio demuestra que las presas no solo afectan a las regiones donde se construyen, sino que tienen consecuencias globales.

El fenómeno se explica mediante la estructura interna de la Tierra. «El planeta no es una masa homogénea, sino una capa de roca que flota sobre un manto plástico», explican los científicos. Al acumular agua en zonas específicas, se redistribuyen masas que alteran la fuerza centrífuga que mantiene la rotación. Este desbalance, aunque pequeño, se traduce en un desplazamiento de los polos geográficos. Los polos magnéticos, que ya se mueven lentamente, ahora también experimentan cambios en su posición debido a la presión ejercida por los embalses.

Los datos surgen de un análisis de datos satelitales que mapearon cómo la construcción de presas ha alterado la masa superficial terrestre. «La Tierra se comporta como una colchoneta sobre una piscina», comparan los investigadores. Cada presa, al almacenar agua, cambia el peso que ejerce sobre el manto, lo que a su vez modifica la forma del globo. Este efecto se acumula con el tiempo, especialmente en regiones donde se han construido miles de presas en los últimos siglos.

El impacto no se limita a la geofísica. La alteración del eje terrestre podría tener implicaciones en el clima, los sistemas de navegación y el movimiento de los océanos. «Aunque los cambios son mínimos, su acumulación podría afectar a largo plazo», advierten los científicos. El estudio subraya la necesidad de evaluar el impacto ambiental de proyectos hidráulicos no solo en su entorno local, sino en la dinámica global del planeta.

Este descubrimiento resalta cómo la actividad humana, incluso en apariencia pasiva, modifica la Tierra de formas insospechadas. La ciencia ahora debe integrar estos efectos en el diseño de proyectos futuros, asegurando que los beneficios de la energía hidroeléctrica no vayan acompañados de alteraciones irreversibles en la rotación del planeta.