En el sur de Chicago, sobre los terrenos de una antigua planta siderúrgica, se construye un edificio de 6.000 metros cuadrados que podría ser el hogar del primer ordenador cuántico escalable y resistente a errores. La empresa detrás del proyecto, PsiQuantum, apuesta por una vía inusual: los fotones, las partículas de luz, para construir una máquina que promete resolver problemas complejos en minutos, algo que actualmente tomaría a los ordenadores clásicos cientos de miles de años.

La computación cuántica ha sido un sueño tecnológico desde los años 80, pero hasta ahora los prototipos son demasiado pequeños o propensos a fallos para ser útiles. PsiQuantum quiere saltarse esta fase intermedia. Su CEO, Victor Peng, explicó en una entrevista que su enfoque es «fabricar directamente una máquina a gran escala», algo que pocos otros proyectos intentan. La mayoría de las empresas, como IBM o Google, usan qubits basados en circuitos superconductores, mientras que otras emplean iones o átomos atrapados. PsiQuantum, en cambio, eligió los fotones.

La ventaja de los fotones es su capacidad para mantener el estado cuántico durante más tiempo, lo cual es clave para el cálculo. Sin embargo, su principal debilidad es que casi no interactúan entre sí, algo necesario para procesar información. En 2001, un equipo del Laboratorio Los Alamos y la Universidad de Queensland encontró una solución: usar una red de espejos y detectores para «simular» esas interacciones. Este hallazgo, que hoy es la base de la tecnología de PsiQuantum, permitió crear una forma de operar con fotones sin perder su estabilidad.

El proyecto no solo es técnico, sino también ambicioso. A diferencia de sus competidores, que van ampliando poco a poco sus dispositivos, PsiQuantum busca construir desde el principio una máquina a escala. Los físicos que fundaron la empresa, como Terry Rudolph, señalan que este enfoque reduce riesgos y acelera el proceso. Aunque aún falta tiempo para ver resultados, el plan es que, en un futuro cercano, el ordenador cuántico pueda cambiar campos como la medicina, la energía o la inteligencia artificial.

Este avance podría marcar un antes y un después en la computación cuántica, convirtiendo una teoría en una realidad práctica y escalable. Si PsiQuantum logra su meta, los cálculos complejos dejarán de ser un reto imposible.