La Argentina se enfrenta a una crisis de liderazgo en la defensa internacional
¿Quién podrá defender a Argentina ante la ola de críticas?
La selección no supo atacar a España, pero ahora enfrenta un problema inverso: la falta de liderazgo en la defensa. El contexto político y la polarización complican la respuesta institucional.
El domingo pasado, Argentina no logró romper el muro de España en el campo de juego. Pero el verdadero desafío ahora no es el ataque, sino la defensa. La selección no tiene un referente claro para responder a las críticas que vienen desde el exterior. Mientras el fútbol sigue siendo la cara visible del país, el escenario político y social se transforma en un terreno de batalla donde la postura oficial se vuelve un arma de doble filo.
Lionel Messi, en plena convocatoria personal, no da señales de liderazgo en esta gestión. Su ausencia en la arena pública deja un vacío que ni el presidente de la AFA, Claudio Tapia, ni el mandatario Javier Milei están dispuestos a llenar. Tapia, absorbido por un caso judicial, se aleja de la discusión. Milei, por su parte, prioriza la campaña electoral sobre cualquier esfuerzo por reconstruir la imagen del país. La conclusión es clara: la defensa no es un tema deportivo, sino político.
La crisis se profundiza con la retórica de figuras como Agustín Romo, diputado del PRO. En una entrevista, el legislador no dudó en proponer aranceles a la educación y la salud para extranjeros que, según él, «odian a la Argentina». «Basta de pagar la educación de extranjeros que nos odian», sentenció, ignorando el valor del «soft power» que Argentina genera educando a miles en sus universidades. La frase no solo desestima la Constitución, sino que tambalea el consenso sobre el papel del Estado en la integración.
Este tipo de discursos no nace al azar. En la Argentina, la crítica a la política exterior se convierte en un insumo electoral. El Gobierno parece haber calculado que el escándalo de las redes y las frases extremas de diputados como Romo pavimentan un camino hacia la reelección. La pregunta, sin embargo, es si ese camino es viable. La defensa del país no se reduce a un discurso de odio; requiere estrategia, diálogo y una visión que no se pierda en la polarización.
La política argentina ha transformado la crítica en un recurso electoral, pero el desafío es si esa postura puede construir una imagen sólida en lugar de destruirla. La defensa no es solo una cuestión de instituciones, sino de cómo el país se define frente al mundo.
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