El aumento de infecciones de transmisión sexual en Europa refleja un desafío global, con consecuencias que no se limitan a la región.
Récord de infecciones de transmisión sexual en Europa: una crisis que atraviesa fronteras
Según el Centro Europeo de Control y Prevención de Enfermedades (ECDC), el número de casos de gonorrea y sífilis en 2024 alcanzó niveles inéditos, con un crecimiento del 303% y del 200%, respectivamente. La situación pone en evidencia una crisis que ya afecta a América Latina, donde el acceso desigual a servicios de salud y cambios en patrones de comportamiento sexual han exacerbado el problema.
La pandemia del coronavirus no fue el único factor que dejó profundas cicatrices en la salud pública global. En Europa, los índices de infecciones de transmisión sexual (ITS) superaron por primera vez en décadas los umbrales de 2014, un fenómeno que, según el ECDC, resurge con fuerza en la actualidad. En 2024, se registraron 106.331 casos de gonorrea y 45.577 de sífilis, cifras que superan ampliamente las de 2015, cuando el crecimiento era del 303% y del 200%, respectivamente.
Estos datos no son aislados. En América Latina, un estudio del Ministerio de Salud de Argentina reveló que el 34% de las personas menores de 40 años no tiene acceso a métodos anticonceptivos de calidad, mientras que el 52% de las mujeres de ese grupo reporta que no recibe información adecuada sobre prevención sexual. «La crisis de ITS en Europa refleja un patrón mundial: la desinformación, la falta de acceso a servicios y la normalización de riesgos», explica María Laura Fernández, médica especialista en infecciosas en Buenos Aires.
La historia de las ITS en Europa está interconectada con los ciclos de conflicto y migración. Durante la conquista italiana de Francia en 1494, la expansión de enfermedades como la sífilis se vinculó con el movimiento de mercenarios y prostitutas, una dinámica que se repitió en cada guerra y crisis socioeconómica. En el siglo XIX, la industrialización aceleró la concentración de poblaciones en ciudades, donde la gonorrea alcanzó tasas del 20% de la población en algunas urbes. «Las condiciones de vida precarias, la migración forzada y la marginalización son factores recurrentes», dice el doctor Eduardo Torres, coordinador del Programa de Educación Sexual en la región.
Hoy, las causas son más complejas. La disminución de programas de prevención, la mayor aceptación de la promiscuidad y el uso de sustancias psicoactivas son elementos clave. En Europa, la reducción del acceso a medicamentos, especialmente en países con sistemas públicos debilitados, ha permitido que enfermedades como la sífilis congenital dupliquen su incidencia en menos de un año. En Argentina, un informe del Observatorio de Salud Sexual reveló que el 25% de los adolescentes no conoce los síntomas de ITS ni cómo prevenderlas.
El impacto es devastador. Las ITS no solo generan complicaciones como infertilidad y dolores crónicos, sino que, en casos graves, pueden provocar daños cardiovasculares y neurológicos. En la región, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) estima que más de 300.000 personas sufren infertilidad relacionada con ITS, una cifra que podría superar los 500.000 en 2025 si no se actúa.
La respuesta requiere un enfoque integral. En Europa, algunos países están implementando campañas de vacunación contra la sífilis y mejorando la disponibilidad de anticonceptivos. En América Latina, el debate sobre educación sexual sigue siendo polarizado, aunque en lugares como Uruguay y Chile se han avanzado en la inclusión de programas escolares. «Lo que ocurre en Europa puede servir como alerta, pero también como modelo para políticas públicas que prioricen la salud», afirma Fernández.
La crisis de ITS en Europa no es un fenómeno aislado. Su evolución en la región latinoamericana, marcada por desigualdades y falta de prevención, muestra que el desafío es global. Mientras se discute la implementación de políticas eficaces, la urgencia es clara: sin una acción colectiva, el costo humano será inmenso.
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