Argentina atraviesa una etapa de fortalecimiento económico: supera dos años de superávit fiscal, tiene ingresos de divisas en niveles récord y se limpió la hoja de balance del Banco Central. La desregulación, la reducción de pérdidas en empresas públicas y las inversiones bajo el RIGI, que incluyen minería y energía, prometen multiplicar el balance comercial positivo. Además, el dólar oficial mantiene su posición y la deuda es relativamente baja.

Sin embargo, el riesgo país persiste, rondando 500 puntos básicos pese a una mejora reciente tras la suba en la calificación de S&P. A pesar de los avances, el mercado sigue castigando a la Argentina. Expertos identifican al menos ocho factores que explican esta anomalía.

El primero es la memoria reciente. El default de 2020 fue un acto político que generó daño reputacional. Esa decisión, tomada con lógica adversarial hacia los acreedores, dejó una marca difícil de borrar. La segunda causa es el cepo. Aunque se flexibilizó en 2025, la persistencia de restricciones en el mercado de cambios mantiene una prima de riesgo estructural. Las medidas anteriores, implementadas en 2019, generaron pérdidas a inversores que hacían carry-trade.

El tercer factor es el aterezamiento de dólares. Los argentinos siempre confiaron menos en el peso que en el dólar. Desde 2025, compraron más de 32.000 millones de dólares, y en el primer cuatrimestre de 2026, adquirieron más de 10.000 millones, lo que refleja una desconfianza arraigada.

Aunque Argentina parece estar en un camino de recuperación, factores como el cepo y la falta de confianza en la moneda siguen pesando. El mercado no olvida el pasado y los riesgos estructurales siguen elevando el riesgo país, incluso con mejoras recientes.