La disculpa de Rosalía se dio días después de la final del Mundial 2, donde España derrotó a Argentina en el MetLife Stadium de Nueva York. La exestrella de cine para adultos Mia Khalifa, en un video compartido en TikTok, grabó desde un balcón de la ciudad. En la grabación, imitó la letra de «La Perla» mientras decía: «Así suena la vida ahora que las perlas fueron derrotadas». La frase se convirtió en el gatillo para una reacción en cadena en redes.

La cantante española, cuyo tema fue utilizado como base para la sátira, respondió repitiendo el audio en su cuenta. En el texto, se leía: «La decepción local, rompecorazones nacional, un terrorista emocional, el mayor desastre mundial. Es una perla, nadie se fía». La frase fue interpretada como una provocación, especialmente por hinchas argentinos que usaron comentarios agresivos en las redes de Rosalía. El contexto del Mundial, donde la Albiceleste había alcanzado sus mejores posiciones en décadas, amplificó el malestar.

El impacto fue inmediato. Las redes se llenaron de críticas, con usuarios acusando a Rosalía de «ser insensible» o «no entender el significado del fútbol para el pueblo argentino». La polémica no solo involucró a seguidores, sino también a periodistas y figuras públicas que cuestionaron la forma en que se usó la música para criticar a un país. La situación reflejó el peso del fútbol en la identidad nacional y cómo incluso gestos aparentemente neutrales pueden convertirse en símbolos de tensión.

La disculpa de Rosalía llegó días después, en un mensaje donde admitió que su frase fue «inadecuada» y pidió «perdón a quienes se sintieron ofendidos». Sin embargo, no se especificó si se refería a la crítica general o a algún grupo en particular. La reacción del público fue mixta: algunos aceptaron la disculpa, mientras otros insistieron en que su postura fue irrespetuosa. El episodio marcó un punto de inflexión en la relación entre figuras internacionales y la audiencia argentina, donde el fútbol sigue siendo un espacio de expresión emocional y política.

La disculpa de Rosalía no resolvió el conflicto, pero abrió un debate sobre cómo se usan las redes para criticar a una nación en momentos de emoción colectiva. La polémica evidenció la intensidad del fútbol en la cultura argentina y cómo incluso gestos aparentemente triviales pueden generar controversia.