Sergio Fustero, de 58 años, lleva más de tres décadas como albañil en Zaragoza y dirige una empresa de reformas. Tras aprender el oficio en obras de otros, se dedicó por su cuenta a renovar viviendas, cocinas y baños. En un sector donde la demanda de trabajo persiste, el problema está en la falta de jóvenes dispuestos a permanecer décadas en el oficio. «Trabajo no falta, lo que escasea son los trabajadores», explica, resumiendo la crisis laboral que atraviesa la construcción española.

La jornada laboral de Sergio se extiende de 8 a 16 horas, horario que considera «sostenible» para un sector que exige esfuerzo físico y habilidades técnicas. «No se gana mal, al revés. Tengo dos operarios que cobran bastante bien, unos 1.800 euros netos», detalla. Sin embargo, el salario solo es parte del desafío: las reformas modernas requieren precisión y experiencia. Un albañil debe retirar revestimientos, nivelar pisos, colocar azulejos y resolver problemas que surgen al abrir viviendas antiguas.

Para Sergio, la clave no es solo tener empleados, sino personas capaces de actuar sin supervisión. «Necesito operarios que entran a una cocina o un baño y avanzan sin que otro tenga que controlar cada movimiento», explica. En un contexto donde la demanda supera la oferta, empresarios como él recurren a estrategias como «hacerse el tonto» para no atender llamadas, evitando retrasos o promesas incumplidas. «Aceptar otra reforma me obliga a postergar las que ya están en marcha», confiesa, reflejando la presión constante.

La escasez de mano de obra también impacta en la calidad del trabajo. En Zaragoza, donde el sector sigue en crecimiento, la ausencia de nuevos albañiles obliga a reutilizar personal con experiencia. «Es una crisis que se repite cada año», dice Sergio, quien ve el futuro del sector en la necesidad de adaptarse a una generación menos dispuesta a comprometerse. La solución, según él, pasa por ofrecer formación, estabilidad y condiciones que compensen los esfuerzos.

La escasez de trabajadores en la construcción española se vuelve crónica, obligando a empresarios como Sergio a innovar en la búsqueda de personal cualificado para mantener el ritmo de las obras.