Una startup estadounidense, R3 Bio, planea desarrollar cuerpos humanos clonados sin cerebro funcional, destinados a actuar como fuentes de órganos. La empresa, ubicada en Richmond, California, busca reemplazar la experimentación animal con estructuras biológicas que no puedan sentir dolor ni tener conciencia.

Según documentos revelados, el fundador de la compañía, John Schloendorn, presentó a inversores un proyecto ambicioso: crear cuerpos biológicamente vivos, pero sin desarrollo cerebral, para ser reservas de órganos compatibles. Estos clones, teóricamente, podrían servir como plataformas para trasplantes futuros. Sin embargo, algunos especialistas alertan que el plan podría tener implicaciones éticas complejas.

El proyecto surge en un contexto de investigación sobre longevidad, que atrae miles de millones de dólares. Emprendedores como Bryan Johnson impulsan tecnologías para retrasar el envejecimiento, lo que ha generado startups enfocadas en medicina regenerativa y órganos cultivados. R3 Bio se ubica en el extremo más radical de esa tendencia, planteando un avance que desafía los límites de la biotecnología.

La propuesta de R3 Bio pone en evidencia el crecimiento de la biotecnología, pero también exige reflexionar sobre los riesgos éticos de jugar con la vida humana. Entre la innovación y el dilema moral, la sociedad debe decidir cómo encarar estos avances.