En el pequeño pueblo de Erlen, al norte de Suiza, dos gigantes de la ingeniería —Stadler y ARST— anunciaron un hito que, según ellos, resuelve un problema técnico que llevaba décadas sin solución: adaptar un tren de hidrógeno a vías de ancho estrecho. El vehículo, que se espera en servicio en 2028, permitirá modernizar tres líneas ferroviarias en el norte de Cerdeña, un área que conserva un sistema de vías heredado del siglo XIX. La novedad está en la reducción del ancho de las rieles, que en este caso es de solo 950 milímetros, frente al estándar europeo de 1.435.

El reto técnico fue enorme. Los trenes de hidrógeno actuales, como el Coradia iLint de Alstom o el Mireo Plus H de Siemens, están diseñados para vías más anchas, lo que permite una distribución de componentes más flexible. En cambio, el nuevo convoy de Stadler requirió una carrocería ligera de aluminio, optimizada para ajustarse al espacio reducido. «No se trata de adaptar un modelo existente, sino de reimaginarlo desde cero», explicó un portavoz de la empresa. La reducción de peso y dimensiones fue clave para superar las limitaciones de carga por eje, un factor crítico en vías estrechas.

La solución no es nueva en teoría, pero sí en práctica. En 2011, la española FEVE intentó convertir un tren de serie 3400 —llamado Fabiolo— a hidrógeno, pero el proyecto finalizó abandonado. La diferencia ahora es que el tren de Stadler fue concebido desde el inicio para circular en vías estrechas, sin necesidad de modificaciones posteriores. «Este es el primer convoy de hidrógeno de vía estrecha pensado para operar comercialmente», subrayó la nota de prensa de ARST.

El impacto ambiental es otro punto clave. Con diez unidades en servicio, el convoy evitará más de 2.100 toneladas de CO₂ al año, una cifra que equivale a evitar 450 viajes en coche alrededor del planeta. Para regiones como Cerdeña, donde el turismo y la logística están ligados al ferrocarril, esta tecnología representa una oportunidad para reducir huella ecológica sin sacrificar capacidad. La iniciativa también resalta el potencial de adaptar energías limpias a infraestructuras históricas, un enfoque que podría replicarse en otras zonas con redes ferroviarias de ancho reducido.

Esta innovación no solo redefine el transporte sostenible, sino que abre la posibilidad de revitalizar redes ferroviarias antiguas, convirtiéndolas en alternativas viables para la movilidad regional. La implementación en Cerdeña podría ser un modelo para otros territorios con infraestructuras similares.