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Un radar no consiguió frenar a Bill Gates. Tampoco lo logró el Mercedes-Benz diésel destartalado que compró para ir más despacio.
Según informó Xataka, la historia de Bill Gates en la década de 1980 involucra una multa por exceso de velocidad y una estrategia poco convencional para evitar sanciones. El conflicto legal surgió cuando un competidor acusó al emprendedor de violar normas de tránsito, mientras que el Mercedes-Benz, adquirido para reducir la velocidad, terminó siendo un símbolo de su ambición.