En el barrio de Caraballeda, los sobrevivientes buscan materiales en los escombros.
Tragedia y supervivencia: la búsqueda de recursos en los escombros de Venezuela
Dos terremotos destruyeron el sur de Venezuela, dejando miles de muertos y heridos. En el barrio de Caraballeda, personas sin empleo revuelven los restos de edificios para encontrar cobre y aluminio, intercambiando lo hallado por dólares en medio de la crisis.
A pocos kilómetros del último edificio derrumbado de Caraballeda, en La Guaira, decenas de personas caminan entre montículos de escombros buscando materiales valiosos. El calor del sol y la humedad del mar convierten el trabajo en una tarea peligrosa, pero el incentivo es claro: un puñado de dólares. Los sobrevivientes, muchos sin empleo fijo, se enfrentan a la supervivencia en un país donde la economía bimonetaria ha transformado lo que antes era basura en una fuente de intercambio.
La búsqueda comenzó una semana después de los terremotos de 7,1 y 7,5 en la escala Richter, que dejaron 2.954 muertos confirmados, 16.592 heridos y más de 50.000 desaparecidos. En el sector de Tanaguarena, donde el mar no devuelve arena sino humedad, los trabajadores de escombros enfrentan condiciones extremas. “Hace tres días que vengo”, dice José Díaz, un hombre de 54 años que viste una camiseta del Fútbol Club Barcelona. “Busco cobre, aluminio, algo para reciclaje. Se junta y uno puede sacar cuatro o cinco dólares”, explica, mientras muestra sus manos sucias de polvo y hierro.
El trabajo es arriesgado. Sin guantes, los buscadores quedan expuestos a enfermedades por el contacto con restos de edificios. Díaz, que antes vendía mango durante el turismo, ahora se enfrenta a un día laboral sin garantías. “Mientras no haya turismo, no tenemos nada”, dice, señalando el horizonte donde el sol deshidrata la tierra. La crisis económica ha convertido lo que era un desastre natural en una oportunidad para sobrevivir, pero también en un reflejo del colapso social.
La escena en Caraballeda no es aislada. En la costa de La Guaira, decenas de personas repiten la rutina: palas, palos y una mirada en busca de valor en lo que antes era hogar. En una economía donde el dólar es la moneda de confianza, los escombros se convierten en un mercado paralelo. La búsqueda por supervivencia no solo redefine la relación con la destrucción, sino también con el futuro de un país que hoy vive entre la memoria del terremoto y la incertidumbre de lo que queda.
Más allá de los escombros, la crisis económica sigue arraigada. La búsqueda de materiales en los restos de los edificios no solo responde a la necesidad de sobrevivir, sino también a la ausencia de alternativas en un país donde la supervivencia se mide en dólares y el valor de lo que queda se redefine cada día.
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