España vive una temporada de calor que desafía los registros históricos. Entre el 1 de junio y el 15 de julio, la temperatura media superó en 3,3 ºC el promedio de los últimos años, convirtiendo este verano en el más cálido de la serie histórica. Dos olas oficiales ya han sido registradas, y el AEMET anticipa que el calor sigue sucediendo con mayor frecuencia. «Ya no es una ola, es el clima», afirma el instituto, señalando que el umbral para definir episodios extremos se está redefiniendo.

El fenómeno no se detiene: aunque la tercera ola aún no se ha confirmado, el AEMET emitió una nota informativa que avisa de un ascenso térmico generalizado. Rubén del Campo, portavoz de la agencia, destacó temperaturas «extraordinariamente altas» y pronosticó máximas de hasta 44 ºC en la mitad sur del país. Sin embargo, la duración, extensión y fuerza de este episodio aún no están claras. «La definición del umbral no se toca, pero lo que muestra es que todo está cambiando», explicó José Ángel Núñez.

Los datos históricos respaldan esta visión. Entre 2001 y 2025, España registró 91 olas de calor, frente a las 43 del periodo 1976-2000. Los días bajo ola pasaron de 210 a 510, lo que indica una tendencia clara hacia un clima más extremo. Aunque el verano actual no cumple con los criterios oficiales, su evolución coincide con las proyecciones climáticas. «Si cruzamos el umbral tres veces en cinco semanas, algo está roto en ese umbral», cuestiona un climatólogo.

La complejidad radica en la definición de «ola de calor». Según AEMET, deben cumplir criterios estrictos de duración, intensidad y extensión. Sin embargo, la advección sahariana de finales de mayo y la posibilidad de hasta cuatro episodios en ocho semanas desafían esos parámetros. «Lo que está haciendo el umbral es mostrar que el clima se está volviendo más extremo», apunta Jorge Olcina. La cuestión no es solo si hay más calor, sino si el umbral mismo está adaptándose a una realidad que ya no es la misma.

El verano de 2026 podría convertirse en un hito: tres olas de calor en seis semanas, con un aumento de temperaturas que redefine los estándares actuales. La tendencia histórica indica un clima más extremo, pero la incertidumbre persiste sobre cómo se adaptará el umbral para medir estas nuevas condiciones.