La decisión: alejarse de la tecnología para proteger la salud mental

Según informó Xataka, El usuario, quien prefirió no revelar su nombre, explicó que su decisión de abandonar el iPhone 13 —un teléfono de 1.500 euros— fue motivada por la presión constante de las notificaciones, las redes sociales y la necesidad de desconectar. «Llevo más de dos años sintiendo que la tecnología me controla, no me libera», afirmó. El modelo elegido, un teléfono de 40 euros que no tiene acceso a internet ni a WhatsApp, simboliza un intento de reinventarse en un mundo donde la conexión constante es la norma.

El impacto: una experiencia fuera del mundo digital

Al principio, el usuario enfrentó desafíos prácticos. No podía pagar facturas, programar citas o manejar tareas laborales sin internet. Sin embargo, con el tiempo, descubrió que podía confiar en su memoria, en planos físicos o en llamadas directas. «Me sorprendió cuánto se puede hacer sin estar conectado», contó. Aunque reconoció que la falta de acceso a redes sociales le generó incomodidad, el beneficio fue el equilibrio mental: «No siento la presión de estar siempre disponible».

El cambio también tuvo un impacto en su relación con la familia. «Ahora paso más tiempo hablando con mi madre en lugar de enviando mensajes en segundos», señaló. Esta experiencia coincide con una tendencia global de «digital detox» (desconexión digital), que ha ganado impulso en Argentina tras la saturación de noticias negativas y la búsqueda de bienestar emocional. Según un estudio de la Universidad de Buenos Aires, el 25% de los argentinos entre 25 y 40 años han intentado reducir su uso de la tecnología en los últimos dos años.

La experiencia del usuario subraya la complejidad de vivir sin la tecnología que hoy nos rodea. Mientras que algunas personas enfrentan dificultades prácticas, otras descubren que la desconexión puede mejorar su calidad de vida. En un contexto donde la conectividad es clave, este caso refleja la necesidad de replantear el equilibrio entre tecnología y bienestar personal.