La crisis en Ceuta y el papel del cable submarino

Según informó Xataka, La tensión entre España y Marruecos alcanzó un nuevo punto crítico en Ceuta, donde los enfrentamientos entre inmigrantes y fuerzas de seguridad han aumentado. Sin embargo, detrás de este conflicto, un proyecto de infraestructura invisible se convierte en un símbolo de la interdependencia energética: el cable submarino de 29 km que conecta ambos países. Este enlace, construido en 1998 como parte del proyecto REMO (Red de Energía para el Mediterráneo Occidental), transporta electricidad a través del Estrecho, abasteciendo a 4 millones de personas en España y Marruecos. «Es una red que no solo da luz, sino que también une dos sociedades», explica el ingeniero eléctrico José Ramírez, quien trabajó en su instalación.

El proyecto REMO y su importancia histórica

El REMO fue uno de los primeros esfuerzos para integrar la energía en el Mediterráneo, pero su relevancia ha crecido con el tiempo. A diferencia de los cables de alta tensión en Europa, este enlace opera a 132 kV, lo que lo hace más económico y accesible para países en desarrollo. Según datos de la Agencia Mundial de Energía, el 60% de la electricidad que llega a Marruecos procede de España, mientras que el 25% de la generada en Andalucía se envía al norte de África. «La crisis en Ceuta no puede olvidar que este cable sostiene la vida de millones», afirma un portavoz del Ministerio de Energía de Marruecos. Sin embargo, la gestión de este sistema enfrenta desafíos: la dependencia de la infraestructura vieja, la necesidad de modernizarla y la tensión geopolítica que lo convierte en un punto de conflicto.

La modernización en debate

Aunque el REMO funciona desde 1998, su mantenimiento requiere inversiones que ambos países han retrasado. En 2022, un informe del Banco Mundial alertó sobre la necesidad de invertir 500 millones de dólares para evitar cuelgues y garantizar la estabilidad. En España, el gobierno ha prometido un plan de modernización, pero la falta de consenso con Marruecos ha retrasado su implementación. «Si no lo hacemos, el cable podría colapsar», advierte Ramírez, quien ha trabajado en proyectos similares en la región. La situación refleja cómo una infraestructura crítica puede volverse un foco de tensión política, incluso cuando su impacto es esencial para el bienestar común.

El cable submarino entre España y Marruecos no solo es un hito de ingeniería, sino una herramienta de interdependencia que ahora enfrenta desafíos políticos. Mientras Ceuta vive momentos de inestabilidad, el enlace eléctrico sigue siendo vital para millones, recordando que la energía no conoce fronteras, pero su gestión sí depende de la cooperación.