¿Por qué se construyó Xiong’an y cuál es su visión?

Según informó Xataka, La ciudad de Xiong’an, ubicada al norte de Pekín, fue concebida como un símbolo de la «revolución tecnológica» chino. Su creación, anunciada en 2017, busca aliviar la sobrecarga de la capital y convertirse en un centro global de innovación. El gobierno espera que, en 2049, acogen a 1 millón de habitantes, con infraestructura 100% digital, transporte eléctrico y una red de viviendas sostenibles. Sin embargo, hasta 2025, apenas 100 mil personas han decidido radicarse allí.

El proyecto, con un presupuesto de 200 mil millones de dólares, combina lo más avanzado en ciudades inteligentes: sistemas de gestión de tráfico en tiempo real, energía solar, y una red de datos conectada al 100% para evitar cuellos de botella tecnológicos. La meta es que Xiong’an se convierta en un laboratorio para «ciudades sin contaminación», pero su éxito depende de una pregunta crucial: ¿cómo convencer a las personas de mudarse a un lugar que no tiene la vibración de una metrópoli?

La tecnología de la ciudad del futuro vs. la realidad de sus habitantes

A pesar de su avanzada infraestructura, Xiong’an enfrenta un desafío inesperado: la falta de población. Según datos oficiales, en 2023 el 70% de los proyectos de vivienda no se han vendido, y solo el 3% de los empleos prometidos están ocupados. Los análisis indican que la falta de industria local y la dependencia de la burocracia china para atraer inversiones están frenando su desarrollo.

Los analistas señalan que, aunque la tecnología de la ciudad es brillante, «no hay una narrativa que haga atractiva a una persona promedio mudarse a un lugar sin comercios, sin servicios públicos maduros y sin una cultura definida», explica un economista chino. La solución, según algunos, podría ser crear un ecosistema de startups y empleo flexible, pero el gobierno prioriza la infraestructura sobre el atractivo humano.

Mientras Xiong’an sigue avanzando en su plan de ciencia ficción, su verdadero reto es convertirse en una comunidad viva. La tecnología puede construir edificios y redes, pero no puede generar razones para vivir. Con el 2025 a la vuelta de la esquina, el destino de la «ciudad del futuro» dependerá de si logra superar la brecha entre lo planificado y lo real.