Un problema que no se resuelve en tierra, sino en el mar.
1.500 barcos atrapados en el estrecho de Ormuz piden un baño urgente
Más de 1.500 buques mercantes están parados en el Golfo Pérsico desde marzo de 2026. Su inmovilidad genera una crisis ecológica: biocombustibles, polizones y fauna invasiva se preparan para viajar con ellos.
El estrecho de Ormuz, ese estrecho de agua entre Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, se cerró oficialmente el 2 de marzo de 2026, aunque sus consecuencias se notaron semanas antes. La interrupción de la navegación obligó a los barcos a quedarse varados en los puertos cercanos o en aguas adyacentes, mientras el Gobierno español intentaba contener la subida del carburante. Ahora, casi medio año después, la situación no mejora: más de 1.500 embarcaciones grandes, cuyos cascos están inmóviles desde hace meses, se convierten en una bomba ecológica en potencia.
La biocorrosión, es decir, la acumulación de algas, mejillones y larvas en la quilla de los barcos, avanza a un ritmo alarmante. «Un buque normal pasa unos días en un puerto, pero estos están parados 40 veces más», explica un investigador del Instituto de Ciencias Marítimas. Desde los 10 días de inmovilidad, la fauna marina se adhiere al casco y, con el movimiento del buque, se traslada a nuevos ecosistemas. La Organización Marítima Internacional alerta que este tipo de atraques prolongados incrementa el riesgo de bioinvasión, un fenómeno que puede alterar las cadenas alimentarias y dañar la biodiversidad.
Los barcos no solo llevan consigo biocombustibles y mercancías, sino también organismos no nativos. «Algunos de estos organismos pueden ser invasores, como el mejillón de la Bahía de Chesapeake, que destruye los arrecifes», dice un especialista. La trayectoria de estos barcos, que recorren rutas globales anualmente, podría propagar especies que no existen en los mares donde lleguen. El estudio citado identifica puertos como Jeddah, Bombay y Singapur como zonas en riesgo, junto con El Pireo y Róterdam.
La situación exige soluciones inmediatas. «El gobierno debe coordinar con la comunidad internacional para establecer protocolos de desinfección de buques», sugiere un responsable de la Administración Portuaria. Mientras tanto, el estrecho de Ormuz sigue siendo un punto neurálgico para el comercio mundial, y su apertura no solo afectará a las economías regionales, sino también al equilibrio ecológico.
La espera por la navegación normal se convierte en una emergencia ecológica. El riesgo de bioinvasión, si no se actúa, podría impactar puertos clave en Asia, Europa y el Mediterráneo, alterando ecosistemas ya frágiles.
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