La Casa Blanca anunció este viernes aranceles adicionales entre el 10% y el 12,5% para 60 economías, acusando a estos países de no cumplir con prohibiciones sobre bienes fabricados con trabajo forzado. Las medidas, que entraron en vigor después de la expiración de aranceles provisionales, generaron una oleada de reacciones en Asia, Europa y Oceanía. Los socios comerciales de Estados Unidos, como China y Japón, se mostraron indignados, mientras que Australia y Nueva Zelanda rechazaron las acusaciones como «totalmente injustificadas».

El ministro australiano de Comercio, Don Farrell, criticó públicamente la decisión, señalando que Australia no está vinculada a la esclavitud moderna. «Seguiremos presionando al Representante de Comercio de Estados Unidos para que elimine todos los aranceles sobre nuestros bienes», afirmó Farrell, al tiempo que subrayó que el país «si se toma en serio» el tema de los derechos laborales. La medida afecta directamente a exportaciones clave como carne de vaca, oro y cobre, lo que podría impactar negativamente en las economías locales.

En Nueva Zelanda, el primer ministro Christopher Luxon calificó las tasas de 12,5% como «extremadamente decepcionantes», «injustificadas» y «perjudiciales para el comercio». Aunque el país no fue mencionado explícitamente en las acusaciones, las nuevas tarifas se aplican a exportaciones que ya enfrentaban restricciones desde abril pasado. La situación refleja tensiones globales tras la derrota de Trump en la Corte Suprema, que había dejado en vigor aranceles provisionales.

La Unión Europea, a través de su jefa de política exterior Kaja Kallas, cuestionó la postura norteamericana en un diálogo con medios asiáticos. «Si comparan nuestras leyes laborales con las de Estados Unidos, nosotros tenemos vacaciones pagadas y regulaciones más sólidas», dijo Kallas, aunque no se alineó directamente con las críticas de los socios. Las medidas de Trump, que buscan proteger industrias norteamericanas, han sido calificadas como un «golpe a la cooperación comercial» por expertos, ya que podrían estimular proteccionismo y afectar la confianza en el mercado global.

El impacto de los aranceles podría ampliarse si los socios comerciales deciden retaliar, lo que podría desestabilizar cadenas de suministro y elevar costos para consumidores norteamericanos. Mientras tanto, la disputa sobre el trabajo forzado sigue siendo un tema delicado, con debates que no solo afectan relaciones bilaterales, sino también el orden económico internacional.