La combinación de nuevos aranceles impuestos por Estados Unidos a socios comerciales clave y la escalada de conflictos en Oriente Medio está generando un escenario inflacionario complejo. En el corazón del problema, el encarecimiento del combustible, que ya supera los $4 por galón en promedio y alcanza más de $5 en algunas regiones, impacta directamente en la logística y los costos de vida. El diésel, esencial para el transporte terrestre de mercancías, se convierte en un factor determinante al elevar el precio de los alimentos y productos básicos en los supermercados.

La imposición de aranceles, en sí misma, añade fricción a la economía. Empresas que importan materiales de construcción, piezas de vehículos o tecnología enfrentan incrementos en sus costos operativos. En la práctica, la mayoría de las empresas trasladan estos gastos al precio final del consumidor para mantener sus márgenes. Esto no solo encarece productos, sino que también limita el presupuesto disponible para gastos no esenciales. Familias que antes usaban parte de su ingreso para salir de compras o cenar ahora priorizan el abasto de combustible, retrasando gastos en servicios y entretenimiento.

El fenómeno se agrava con la situación geopolítica. La tensión en el Golfo, especialmente en el Estrecho de Ormuz, ha interrumpido la circulación de hidrocarburos, elevando su precio y profundizando la crisis. Según el informe «Global Macro Outlook» de Oxford Economics, esta doble presión —aranceles y escasez energética— crea un «estrangulamiento de costos» que reduce la capacidad de las empresas de absorber incrementos. Los costos industriales y de logística suben en paralelo, lo que acelera la transmisión de precios al consumidor.

El impacto en América Latina es significativo. Países que dependen del comercio internacional y del transporte terrestre, como Argentina o México, enfrentan una doble carga: mayores costos de importación y una demanda interna que se ajusta al aumento de precios. El riesgo de una recesión se intensifica si los márgenes empresariales no logran adaptarse. Las autoridades locales, en tanto, deben decidir si aplican medidas de contención o apuestan por una política fiscal más intervencionista para mitigar el efecto.

El «estrangulamiento de costos» amenaza la estabilidad económica si no se aborda con políticas coordinadas. El informe de Oxford Economics prevé que la situación podría reducir el crecimiento del PIB de América Latina en un 0,5% en 2024 si no se implementan ajustes en tiempo real.