La crisis laboral en Argentina marcó un antes y un después en el acceso a las asignaciones familiares. Según datos oficiales de la Subsecretaría de Seguridad Social, entre mayo de 2025 y mayo de 2026, 176.099 padres de menores de edad dejaron de recibir la Asignación Familiar por Hijo (AFH), mientras que la Asignación Universal por Hijo (AUH) aumentó en 30.120 beneficiarios. La diferencia refleja una polarización: mientras los trabajadores registrados enfrentan cierre de empleos, los informales y desocupados encuentran espacio para acceder a la AUH.

La AFH, destinada a trabajadores registrados y jubilados, se redujo en un 2,1% interanual. La mayor caída llegó a los asalariados formales, con 141.646 menos beneficiarios (4,8%). También cayeron las prestaciones para jubilados y pensionados, con 37.504 menos, y los monotributistas, que perdieron 35.193 beneficiarios. «La disminución es consecuencia de las desvinculaciones y cesantías», explica el informe. Por su parte, la AUH, que abarca a los desempleados y trabajadores informales, creció en 0,7%, al sumar 30.120 más.

El impacto se siente en familias que dependen de estas prestaciones. Para los trabajadores registrados, la pérdida de empleo significa la interrupción de un ingreso vital. «En el sector formal, la formalidad ya no garantiza estabilidad», dice un analista. En cambio, la AUH, aunque con requisitos, ofrece una red de seguridad a quienes no tienen acceso al sistema formal. La brecha entre formal e informal se agranda, y las cifras reflejan una transición en la forma cómo el Estado respalda a las familias.

La tendencia se combina con una caída general de beneficiarios: de 10,3 millones en noviembre de 2023 a 9,2 millones en mayo de 2026. La reducción afecta especialmente a los asalariados, cuya base laboral se erosionó tras la crisis. Aunque la AUH creció, su incremento es modesto. «La formalidad sigue siendo clave para acceder a las asignaciones», afirma el informe, señalando que la informalidad, aunque crece, no compensa la pérdida de empleos registrados.

La polarización en las asignaciones familiares resalta la fragilidad del sistema laboral argentino. Mientras los trabajadores informales encuentran huecos en el sistema de protección social, los registrados enfrentan una mayor exposición al desempleo. La brecha entre formal e informal se vuelve más evidente, con implicaciones para la estabilidad de miles de familias.

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