La Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) demandó al gobierno de Javier Milei que declare un asueto administrativo a partir del mediodía del miércoles para que los empleados públicos puedan acompañar a sus familias en la semifinal del Mundial entre Argentina e Inglaterra. El reclamo, formalizado en un escrito adjuntado en X por el secretario general de ATE, Rodolfo Aguiar, se basa en la consideración del partido como un «hitto social de ENORME TRASCENDENCIA CULTURAL e histórica» para la nación.

Aguiar argumentó que el partido «sobrepasa el marco estrictamente deportivo» y representa un momento de unificación nacional, similar a las celebraciones de festividades patrias. En el texto, solicitó que el Ejecutivo determine un «CESE DE TAREAS» que incluya a toda la Administración Pública Nacional, entes públicos, empresas y sociedades del Estado. Destacó que, como en las fiestas de fin de año o feriados nacionales, se deberían mantener guardias mínimas en sectores críticos para garantizar la atención de urgencias.

El pedido de los estatales refleja un patrón recurrente en la historia argentina: la intersección entre el fútbol y la política. En años anteriores, el Mundial y la Copa América han sido ocasiones para que gremios y partidos exijan medidas especiales, como la posibilidad de ausentarse laboralmente. Sin embargo, en el contexto actual, la postura de ATE se suma a un debate más amplio sobre el rol de la cultura en la agenda pública.

El reclamo se envía al presidente Milei y al secretario de Trabajo, Julio Cordero, con una copia a la cartera de Seguridad. Aguiar señaló que «entidades de diversos sectores e instituciones ya se encuentran adaptando sus jornadas para permitir el seguimiento de este hito social», lo que implica una presión para que el Estado actúe en armonía con el sentimiento colectivo. Aunque el gobierno no ha respondido aún, la demanda abre espacio para una discusión sobre cómo balancear la participación ciudadana con las obligaciones institucionales.

El movimiento de ATE podría marcar un precedente en la relación entre el deporte y el poder público, resaltando la importancia del fútbol en la identidad argentina. La respuesta del Ejecutivo podría influir en cómo se gestionan futuros eventos de relevancia nacional.